Banner Bush

¿Cómo es el pene de una mosca? ¿Cuál mide más, el espermatozoide de una mosca o el del ser humano? Las moscas hacen demasiado ruido cuando copulan Moscas heterosexuales, moscas homosexuales ¿Qué pasaría si una mosca tuviera el tamaño de un hombre? ¿Puede una mosca detener a un tren al chocar con él volando en sentido contrario al mismo? ¿Cuántas moscas se requieren para tirar de un coche?

¿Moscas? ¡Qué ricas! Moscas policías al servicio de la lucha contra el crimen A las moscas les atrae el color azul ¡Las moscas pueden aprender a contar! ¿Pueden tuitear las moscas? Terapia alternativa: moscas contra heridas que no cicatrizan La curiosa mosca del petróleo


Moscas del tamaño de un hombre

(Isaac Asimov)


En la época dorada de la producción de arte fantástico, la mayoría de las obras —novelas, pero también guiones para series de televisión y para películas de cine— se basaban en momias, dráculas, frankensteins, hombres-lobo, hombres invisibles, fantasmas de la ópera, alienígenas agresivos en toda clase de platillos volantes, ladrones de cuerpos y algún que otro insecto o arácnido de tamaño superlativo. En cuanto a estas últimas criaturas, que habrán quitado el sueño a más de uno, ¿se imagina alguien lo terrorífico que sería que por algún azar de la biología —mutación o algo así— uno de esos seres alcanzase el tamaño de un ser humano o aun superior?

¿Serían animales terroríficos?, ¿tendríamos salvación frente a ellos (a su tamaño, a su potencia, a su fealdad, a su insaciable hambre, a su capacidad de volar)?

La verdad es que, contrariamente a lo que la mayoría pudiera pensar, serían criaturas débiles, sin fuerza, sin impulso, sin vitalidad, propensas a la desaparición.

Isaac Asimov (1920-1992) es tal vez el más reputado escritor de ciencia ficción no sólo del siglo XX, sino de toda la historia, y también destacó como divulgador científico Isaac Asimov(la foto, de 1979, fue tomada en su casa de New York por Marty Lederhandler). En uno de sus numerosos interesantísimos ensayos, el intitulado Tamaño justo (ver “El electrón es zurdo”, parte primera), se aborda la cuestión de forma racional y explicada, veamos:

La cosa es que el bueno de Isaac cuandose puso a escribir estaba pensando en un nuevo programa de televisión, titulado Mundo de gigantes, en el cual un grupo de seres humanos queda atrapado en un mundo exactamente igual a la Tierra, salvo que todo es de gigantescas proporciones. Para precisar, según los presentadores del programa, en el mundo de los gigantes era todo doce veces mayor que los objetos terrestres análogos, la misma proporción que a favor de Gulliver tenían los gigantes que el viajero encontró en Brobdingnag después de conseguir huir de Liliput.

Asimov recuerda que en los malos tiempos de la ficción científica por entregas, los argumentos, que podrían calificarse de infantiles por ser sus nociones científicas de poca base, solían consistir en historias, por ejemplo, de insectos y gigantes en las que se razonaba que, puesto que una pulga puede saltar muchas veces su propia longitud y arrastrar muchas veces su propio peso, una pulga de tamaño humano podría saltar media milla, con dos toneladas de carga a la espalda, por lo cual, naturalmente, sería mucho más peligrosa que un Tyrannosaurus rex.

Aunque la fiebre porDos nuevas ciencias ese tipo de creación artística ha decaído, todavía de vez en cuando salta a la palestra algún cine o alguna televisión que nos presenta monos, arañas, lagartos o cangrejos gigantes. U hombres o mujeres también gigantescos. O microbios que han adquirido dimensiones sobrenaturales. Existen dos posibilidades: definir esa creación como pura bazofia, al estilo —un poquito exagerado— de Asimov o, de un modo un tanto más despreocupado y menos rígido, tomarlo por relatos o cuentecillos para pasar el rato en los que no deben buscarse cinco pies al gato. La explicación de Asimov de por qué no pueden existir esos super animales se retrotrae a casi 400 años atrás, exactamente a 1638, fecha de publicación de las Dos nuevas ciencias de Galileo Galilei (1564-1642, en la foto de abajo, el famoso retrato que le hizo Justus Suttermans y que se conserva en la Galleria degli Uffizi de Florencia) formula la ley cuadrado-cúbica, según la cual “cuando un objeto crece sin cambiar de forma, su superficie aumenta como el cuadrado de una longitud característica del mismo (por ejemplo, su altura), en tanto que el volumen se incrementa como el cubo de dicha longitud". O dicho de una manera sencilla: que cuando hacemos algo más grande pero no le cambiamos la forma (una esfera, un dado), el volumen crece mucho más deprisa que la superficie. En el caso del cubo, si la arista es n, el volumen será (creo que estaremos de acuerdo en ello) n3, de tal modo y manera que un cubo de 1 centímetro de arista tendrá un volumen de una centímetro cúbico; uno de 2 centímetros de arista tendrá 8 centímetros cúbicos de volumen, y otro de 3 centímetros de arista, 27 centímetros cúbicos de volumen. Pero con la superficie no pasa otro tanto: si undado tiene 6 caras, cada una de ellas de superficie n2, la superficie total (si no han cambiado las reglas de multiplicación) será 6n2. Eso significa que un cubo de 1 centímetro de arista tendrá 6 centímetros cuadrados de superficie; uno de 2 centímetros de arista tendrá una superficie de 24 centímetros cuadrados; y otro de 3 centímetros de arista tendrá una superficie de 54 centímetros cuadrados, etc. Que un cubo de n centímetros de arista tiene 6n2 de superficie y n3 de volumen, significa que la superficie de un cubo crece como la potencia segunda (o cuadrado) de la longitud de la arista; mientras que el volumen de un cubo crece como la potencia tercera (o cubo) de dicha longitud; cuanto mayor sea un cubo, más volumen tendrá por cada centímetro (o metro, o lo que sea) cuadrado de superficie. Por decirlo con palabras de Asimov: cuanto mayor sea el cubo, mayor proporción de materia suya quedará por dentro. Todo esto, obviamente, tiene (y mucho) que ver con laGalileo Galilei ingeniería estructural de cualquier cuerpo, tanto animado como inanimado, pues algunas de sus propiedades dependen del volumen y otras de la superficie. Como las que dependen del volumen crecen más de prisa con el tamaño que las que dependen de la superficie, hay muchas ocasiones en que el tamaño establece diferencias considerables.

El ejemplo más sencillo lo ofrecen la masa y la sustentación. La masa de un cuerpo, de forma y densidad constantes, depende de su volumen; la sustentación depende de la superficie que esté apoyada en el suelo. Imaginemos, por ejemplo, un cubo de materia de una densidad de un gramo por centímetro cúbico. Un cubo de un centímetro de arista de esa materia, apoyado en una de sus caras, pesa un gramo y descansa en un centímetro cuadrado de superficie. La presión sobre la superficie vale un gramo por centímetro cuadrado. Un cubo de diez centímetros de arista de esa materia pesa mil gramos y descansa en una superficie de cien centímetros cuadrados. La presión sobre esa superficie soporte vale diez gramos por centímetro cuadrado. Al continuar creciendo el cubo, sigue aumentando la presión sobre la superficie soporte. Esa presión termina por ser tan grande, que los enlaces químicos entre los átomos y las moléculas de esa materia comenzarán a ceder. El cubo empezará a aplastarse bajo la acción de su peso. Cuanto más resistente sea una sustancia, más podrá crecer antes de que se alcance ese punto crítico; pero para todas las sustancias terminará por alcanzarse. En un campo gravitatorio dado, hay un tamaño máximo para los cubos de cualquier materia. Esto ocurrirá aunque no haya campo gravitatorio exterior, porque, al crecer el cubo, aumenta su propio campo gravitatorio, obligando al cuerpo a reducirse o, mejor dicho, a tomar una forma de mínimo contenido de energía, que resulta ser aproximadamente una esfera; o un elipsoide de revolución, si está girando. Lo dicho del cubo vale para todo sólido, incluso el cuerpo humano. Imaginemos que un hombre pesa 75 kilos y gasta zapatos cuyas suelas tienen 262,5 centíemtros cuadrados de superficie total. Puesto en pie, cada centímetro cuadrado de suela de sus zapatos soporta unos 286 gramos. (Esto es una simplificación; ni las suelas son planas, ni se reparten el peso por igual; pero eso no desmiente el principio.) Supongamos ahora que, de repente, ese hombre multiplica por doce todas sus medidas, como en el mundo de los gigantes, conservando, por consiguiente, todas sus proporciones iniciales. Ahora su estatura, en vez de 175 centímetros, es de 21 metros. El gigante pesará 75X12x12x12, o sea, unas 130 toneladas; tanto como una ballena adulta. Pero la superficie de sus suelas sólo vale 262,5X12x12, o sea, 37.800 centíemtros cuadrados. Puesto en pie, cada centímetro cuadrado de suela tiene que soportar 3.439 gramos, doce veces más que antes. Esto vale para todo el mecanismo sustentador: cada centímetro cuadrado de sección del fémur tendrá que soportar doce veces más peso de lo normal y cada centímetro cuadrado de sección de músculo tendrá que ejercer un tirón doce veces mayor que de ordinario para que el gigante se ponga en pie si está sentado.

página siguiente

 

 
gif mosca

2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es