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Moscas policías al servicio de la lucha contra el crimen

¿Qué es la entomología forense o médico–legal?

Los cadáveres presentan cuatro etapas de descomposición: a) cromática, en la cual se pierde el color y el cuerpo adquiere un blanco pálido; b) enfisematosa, caracterizada porque aparecen los gases de putrefacción y el cadáver comienza a Entomología forensehincharse, y también porque comienza el desprendimiento de la epidermis; c) colicuativa, en la que los gases y los líquidos putrefactos ya han desaparecido y se desprenden el pelo y las uñas; y d) de esqueletización, en la que se pierden todos los tejidos y aflora la osamenta. Todos estas etapas o períodos se encuentran afectados por una serie de factores que retardan o aceleran la descomposición, como las circunstancias de la muerte, las condiciones del cuerpo anteriores a la muerte, la temperatura, la humedad y el tipo de suelo en el que se produce la putrefacción, y la presencia de micro (insectos) o de macrofauna (perros, zorros, ratas, aves de rapiña y otros vertebrados que pueden alimentarse de cadáveres). En cada una de las etapas se presenta un tipo específico de fauna cadavérica: conociendo el ciclo vital de cada una de esas especies invasoras, y la duración de cada estadio de desarrollo del artrópodo específico que se presenta en el cuerpo sin vida buscando su alimento, los científicos (la Entomología forense) encuentran proporcionada una gran información sobre la muerte de la persona. ¿Qué tipo de información? Para un investigador criminalista que se enfrenta a un cadáver tres son las preguntas fundamentales que se le plantean: a) causa de la muerte y circunstancias en las que se produjo, lo que incluye al autor en su caso; b) data de la muerte o intervalo post-mortem, es decir, el tiempo transcurrido entre el fallecimiento de la víctima y el momento en que es hallado el cadáver (la principal y más conocida gracias a programas de televisión del tipo CSI) y c) descubrir si la víctima murió en el mismo lugar en que fue encontrado o si el cuerpo fue trasladado de un sitio a otro, en cuyo caso, a veces pueden incluso colegirse las características de las zonas de procedencia. De estas tres cuestiones, los artrópodos poco o nada pueden aportar respecto a la primera (el chiste de la imagen es gracioso, pero no explica lo que ocurre en realidad); esa labor, establecer la causa de la muerte, corresponde al forense. Sin embargo, en las otras dos sí pueden ofrecer respuestas, que en muchos casos serán definitivas.

Pero también pueden obtenerse otros tipo de datos: pensemos que si el finado había consumido medicamentos, venenos, o drogas de abuso como puedan ser la cocaína, la heroína, la marihuana o las anfetaminas, las larvas también ingieren esas sustancias tóxicas, pero pensemos también que si se llega a la conclusión de que de ancianos y niños se hallaban infestados de insectos antes de morir ello denuncia un posible estado de abandono de la víctima, y pensemos igualmente que ciertas negligencias médicas (mal aseo quirúrgico, por ejemplo) pueden tener su reflejo entomológico.

LadillaEn cuanto a lo dicho respecto a drogas y otras sustancias tóxicas, tengamos en cuenta que si un cuerpo es encontrado en avanzado estado de descomposición, las muestras que pudiéramos tomar para análisis toxicológicos en sangre, orina u órganos internos, ya no van a ser posibles. Sin embargo, los insectos pueden ser usados para el análisis de toxinas y sustancias de drogas. Esta área de la entomología forense es conocida como entomotoxicología. Cuando las larvas se alimentan de tejidos de un cadáver que murió por sobredosis de algún tipo de droga o toxina, ésta es metabolizada e incorporada al tejido de la larva; si estas a su vez son comidas por coleópteros depredadores, dichas sustancias son incorporadas al depredador por bioacumulación. En diversos estudios, se ha tratado de recuperar un gran número de sustancias químicas tóxicas con éxito, algunas sustancias que se han encontrado en tejido de larvas son cocaína, triazolam, oxazepam, alimemazina, clorimipramina, y fenobarbital, metanfetamina amitriptilina y coproxamol. Esto aparte de ser una herramienta valiosa para la entomología forense, puede alterar el patrón de crecimiento larval, lo que influye directamente con el cálculo del intervalo post-mortem.

La entomología forense que, por lo demás, no sólo se usa en cadáveres (en algunos países algunos casos de violaciones inter familiares se han resuelto examinando a la víctima en búsqueda de ladillas —Pthirus pubis, en la imagen— , y revisando después a los sospechosos, para ir cerrando el círculo), es de vital importancia desde el punto de vista criminalístico. Es cierto que la policía científica obtiene muchos datos del mero análisis del cadáver (palidez cadavérica o pallor mortis, enfriamiento cadavérico o algor mortis, deshidratación cadavérica, livideces cadavéricas o livor mortis, hipóstasis viscerales, rigidez cadavérica o rigor mortis, hematomas, heridas inciso-constusas), del deterioro producido por el paso del tiempo en artefactos como la ropa, Hormiga transportando un áfidolos zapatos, u otros objetos que portaba el fallecido, del posible escenario del crimen, etc. Sin embargo, transcurridas setenta y dos horas, la entomología forense basada en el estudio de la invasión del cadáver por parte de insectos no sólo es usualmente el mejor método, sino que en muchos casos es el único para establecer con buen grado de seguridad el intervalo post-mortem, un asunto de crucial importancia desde el punto de vista legal para para identificar a la persona desaparecida y, eventualmente, para establecer culpabilidades.

Dentro del grupo de artrópodos insectos o no con los que juega la entomología forense, las moscas representan un papel clave, pues son los primeros en llegar a la escena del crimen: lo hacen en las primeras veinticuatro horas del deceso, cuando oleadas de hembras grávidas llegan al cadáver en los primeros momentos después de la muerte y depositan sus huevos tanto en los orificios naturales —ojos, nariz, boca, etc— como en las heridas abiertas o traumatismos que pudieran haber, después de haber lamido la sangre u otras secreciones que rezuman de dichas aberturas. En en el caso de heridas, como las ovoposiciones son más tempranas, la descomposición es mucho más rápida. Por lo demás, los dípteros, en circunstancias muy concretas pueden invadir un cuerpo vivo: las larvas que eclosionan en cuerpos con vida, en primer lugar se alimentan de los tejidos necróticos y a continuación se alimentan de los vivos, causando la miasis.

Las primeras oleadas de insectos llegan al cadáver cuando detectan los gases desprendidos en el proceso de la degradación de los glúcidos, lípidos y prótidos del cuerpo. No es necesario que los olores sean todavía excesivamente fuertes ni fétidos o pútridos, pues los insectos son capaces de detectarlos a partir de muy pocas moléculas, mucho antes de que el olfato humano sea capaz de percibirlos.

Cuando hablamos de estos primeros colonizadores del cadáver —de la primera oleada de necrófagos, que aparece inmediatamente después de la muerte— nos estamos refiriendo principalmente a los dípteros, sobre todo de la familia califóridos. Los huevos que esta mosca pone en un cadáver eclosionan normalmente todos a la vez, lo que da como resultado una masa de larvas que se mueven como un todo por el cuerpo. Esas larvas, que son blancas, cónicas, ápodas y formadas por doce segmentos, se introducen inmediatamente después de nacer en el tejido subcutáneo y para alimentarse por succión continua lo licuan gracias a la ayuda de bacterias y enzimas.

Cuando las larvas han finalizado su crecimiento, cesan de alimentarse y bien en los pliegues del cuerpo, de la ropa o alejándose del cuerpo, se transforman en pupa.

Si un cadáver reciente no testimonia huellas del paso cuasi inevitable de moscas califóridas (pupas vacías, adultos muertos), la situación debe tomarse como anómala y obliga al forense a formularse ciertas hipótesis: que el cadáver haya sido trasladado de lugar (y aún en este caso sería normal encontrar algún resto de estos dípteros); que el lugar del fallecimiento sea lo suficientemente oscuro e inaccesible a estos grandes dípteros (cosa poco probable pues los califóridos se encuentran dentro de las casas durante todo el año); que los restos de los dípteros hayan desaparecido por la acción de necrófilos (depredadores o parásitos de los necrófagos) o de animales insectívoros como aves, hormigas (imagen superior) o avispas, (lo que no ocurre prácticamente nunca de modo completo, a no ser que el intervalo post-mortem sea muy largo, y aún en este caso, hay que tener en cuenta que la cutícula de los artrópodos es prácticamente indestructible, pudiendo permanecer miles de años: se han encontrado pupas fósiles de dípteros en el cráneo de un bisonte perteneciente al Cuaternario); o que el cadáver haya sido impregnado con productos repugnatorios que hayan impedido el acceso de las primeras oleadas de insectos: en este caso aparecerían en el cadáver restos de productos como arsénico, plomo o formol, que se ha comprobado evitan la presencia de los primeros necrófagos en el cadáver.

Desmestes maculatusNormalmente, y a la vez que los califóridos, si bien en muy pocos casos conviviendo con ellos en el mismo cadáver, aparece otra familia de dípteros: los sarcofágidos que, por cierto, no pone huevos, sino que deposita larvas vivas. Que no aparezcan juntas puede deberse a que las larvas de los sarcofágidos depredan a las de los califóridos.

Con la aparición del ácido butírico en el cadáver aparecen los primeros grupos de coleópteros como el Dermestes maculatus (imagen), el Dermestes frischii o el Dermestes undulatus, así como algún lepidóptero como el Aglossa pinguinalis.

Después de la fermentación butírica de las grasas aparece la fermentación caseica de los restos proteicos. En estos momentos, son atraídas las mismas moscas que pueden acudir al producirse la fermentación del queso o del proceso del secado del jamón: la especie más importante es la Piophila casei, con un ciclo vital de unos 30 días. En este momento podemos encontrar otras grupos de dípteros como Fannia scalaris, Fannia canicularis, Fannia incisurata, así como drosofílidos, sépsidos y esferocéridos.

Entre los coleópteros hace su aparición la especie Necrobia violacea, con las mismas preferencias nutritivas que la Piophila casei.

El siguiente proceso en aparecer es la fermentación amoniacal. En este periodo van a visitar el cadáver los últimos grupos de moscas pertenecientes al género Ophira (Ophira leucostoma, Ophira cadaverina y Ophira antrax) y al grupo de los fóridos (Triphleba trinervis, Triphleba hyalinata, Triphleba opaca, Diploneura abdominalis, Prora aterrina, etc). Estos grupos de moscas viven habitualmente en nidos de pájaros, madrigueras de pequeños mamíferos, habitáculos de insectos sociales, etc y se nutren a expensas de los restos alimenticios, excrementos o residuos orgánicos de sus hospedadores.

Formando parte de esta escuadra encontramos a los coleópteros necrófagos por excelencia. Especies como Necrophorus humator, Necrophorus vespilloides y Necrophorus vestigator, Necrodes littoralis y Silpha obscura, son comunes en los cadáveres en avanzado estado de descomposición.

Pertenecientes a la familia de los estafilínidos aparecen las especies Coprophilus striatulus, Omalium rivulare y Creophilus maxillosus; y entre los histéridos miembros de los géneros Hister (Hister bimaculatus, Hister unicilor, Hister ignobilis) y Saprinus (Saprinus semipunctatus, Saprinus depresus, Saprinus semistriatus).

Es curioso señalar que Omalium rivulare aparece en invierno, dato que puede resultar muy significativo en una investigación.

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2010-2012 Juan Ledo
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