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¿Cómo es el pene de una mosca? ¿Cuál mide más, el espermatozoide de una mosca o el del ser humano? Las moscas hacen demasiado ruido cuando copulan Moscas heterosexuales, moscas homosexuales ¿Qué pasaría si una mosca tuviera el tamaño de un hombre? ¿Puede una mosca detener a un tren al chocar con él volando en sentido contrario al mismo? ¿Cuántas moscas se requieren para tirar de un coche?

¿Moscas? ¡Qué ricas! Moscas policías al servicio de la lucha contra el crimen A las moscas les atrae el color azul ¡Las moscas pueden aprender a contar! ¿Pueden tuitear las moscas? Terapia alternativa: moscas contra heridas que no cicatrizan La curiosa mosca del petróleo


¿Moscas? ¡Qué ricas!

 

En la antigüedad, los artrópodos constituían una muy importante fuente de alimento para el hombre cuando áun no sehabían desarrollado ténicas agrícolas ni armas para cazar grandes animales. Lo sabemos por el estudio de los coprolitos humanos, que sonlos excrementos de épocas muy remotas que fosilizaron y resistieron el paso del tiempo.

En Europa conocemos que los romanos y los griegos de la época clásica tenían costumbres entomofágicas: Aristóteles (384 adC - 322 adC) habla del uso culinario de las cigarras, de las que dice que “…saben mejor en su fase de ninfas antes de la última transformación…” y que entre los adultos… “los mejores para comer son los primeros machos, pero después de la cópula con las hembras, que a la sazón se encuentran llenas de huevos blancos.” Aristófanes (444 adC - 385 adC) define a los saltamontes como “volatería con cuatro alas” y da a entender que los consumían las clases más pobres de Atenas. Claudio Eliano (circa 175 - circa 235), el autor de De Natura Animalium (Sobre la naturaleza de los animales), pretendía excluir a las cigarras de la alimentación porque decía que estaban consagradas a las musas. Plinio el Viejo (23 - 79, ver foto) atestigua en su Natualis Historia que también los romanos comían insectos; en particular, una larva denonimada cossus, que mora en el corcho y se servía junto con los platillos más exquisitos y de sabor más delicado. Lucanus cervusTambién tenemos constancia de que los romanos antiguos se comían al ciervo volador (Lucanus cervus, del que vemos en la imagen un macho), el escarabajo más grande de Europa.

Estas costumbres insectívoras del ser humano son compartidas con las de los monos y simios, de los que provenimos. La relación es esperable si tenemos en cuenta que, muy probablemente, el orden los primates desciende de una musaraña primitiva que pertenecia, a su vez, al orden de los mamiferos denominados insectívoros. Al modelar a nuestros antepasados primates, la selección natural favoreció precisamente aquellos rasgos que eran de utilidad para la persecución y caza de insectos y otros pequeños vertebrados en hábitats arbóreos tropicales. Un animal que subsiste a fuerza de cazar insectos por las ramas y hojas de los árboles necesita un conjunto específico de rasgos; un sentido de la vista agudo y estereoscópico, más que un buen olfato; un cuerpo ágil; dedos capaces de asir y coger pequeños bocados para acercarlos a los ojos con fines de inspección, antes de meterlos en la boca, y, por encima de todo, una mente despierta y compleja que permita vigilar los movimientos de las presas en la cubierta arbórea, moteada de luz, azotada por el viento y salpicada de lluvia. En este sentido, el insectivorismo sentó las bases para el posterior desarrollo de la dexteridad manual, la diferenciación de manos y pies, y la capacidad cerebral extra que definen el lugar característico del homo en la gran cadena de los seres vivos.

Ocupando antepasados insectívoros un puesto tan destacado en el arbol familiar, no debería extrañarnos que la aversión hacia los insectos y los pequeños invertebrados que manifestan los europeos y los norteamericanos en la actualidad sea la excepción, no la regla. Franz Bodenheimer, padre de la entomología en el moderno Israel, fue el primer estudioso que documentó la extensión del apetito humano por los insectos (también es conocido por su teoría según la cual el maná celestial del Antiguo Testamento era una excreción cristalizada del azúcar excedente de una especie de insecto escamoso que habita en la península del Sinaí). Bodenheimer presenta casos de insectivorismo procedentes de TODOS los continentes habitados.

¿Qué especies son comestibles? La mayoría de ellas, si bien algunas son tóxicas. En el mundo se consumen o se han consumido más de mil especies de insectos como alimento. Catalogar es difícil, pues los animales tienen denominaciones muy diferentes en los diferentes lugares donde residen y se consumen. Sabemos que los más consumidos son langostas, saltamontes, grillos, hormigas y termitas, pero también mariposas, abejas, avispas, cigarras, arañas y escorpiones, entre otros muchos, así como esas mismas criaturas en estado de huevo, larva, pupa o crisálida (aclaración: las arañas y losInsectos cocinadosescorpiones realmente no son insectos —6 patas—, sino arácnidos —8 patas—). Los bichos se comen porque, además de tener frecuentemente un sabor muy agradable, resultan muy alimenticios. De hecho son casi tan nutritivos como carne roja o las aves de corral. Pensemos que 100 gramos de termitas africanas contienen 610 calorías, 38 gramos de proteínas y 46 gramos de materia grasa. En comparación, 100 gramos de hamburguesa de vacuno sólo ofrece 245 calorías, 21 gramos de proteínas y 17 gramos de materia grasa. Una porción equivalente de larvas de polilla contiene casi 375 calorías, 46 gramos de proteínas y 10 gramos de materia grasa. Las langostas oscilan —en peso seco— entre un 42 y un 76 por 100 de proteínas y entre un 6 y un 50% de materia grasa. Las humildes crisálidas de la mosca común contienen un 63 por 100 de proteínas y un 15 % de materia grasa, en tanto que las de abeja se componen, una vez secas, de más de un 90% de proteínas y de un 8% de materia grasa. Comer insectos son mejor negocio alimentario que artrópodos como las gambas, los cangrejos, la langosta y demás crustáceos (parientes cercanos de los insectos), que tienen un contenido alto en proteínas y bajo en materia grasa, o que las almejas, las ostras y demás moluscos, con bajo contenido en grasas y calorías: para satisfacer las necesidades diarias de calorías hay que comer 3.300 gramos de gambas frente a sólo 500 gramos de termitas aladas. La única comparación desfavorable que puede hacerse entre los insectos y la carne roja, las aves de corral o el pescado afecta a la calidad de sus proteínas, medida en términos de aminoácidos esenciales; pero algunos insectos tienen combinaciones de aminoácidos casi tan buenas como las del vacuno o el pollo. Al igual que otros alimentos cárnicos, los insectos son ricos en lisina, que suele ser el aminoácido que más escasea en cereales y tubérculos. También son ricos en leucina, y en ácido aspártico, aunque pobres en cistina y triptófano, lo que no impide que algunas proteínas de insectos —por ejemplo las de la misma Musca domestica— tenga una composición de aminoácidos similar a la de la carne de res. Y lo que quizás revista más importancia, la combinación de altos contenidos en materia grasa y en proteínas surte el efecto de ahorro de proteínas aconsejable desde el punto de vista nutritivo para gentes enfrentadas a una escasez crónica.

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2010-2012 Juan Ledo
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