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Terapia alternativa: Moscas contra heridas que no cicatrizan

Las moscas también curan: sus larvas cicatrizan las heridas

La terapia larval, también conocida como terapia de larvas, terapia de gusanos, terapia de desbridamiento por larvas o Biocirugía es una terapia en la que se utilizan larvas estériles criadas en laboratorios especiales de las moscas Lucilia sericata para limpiar tejidos necrosados (muertos) de heridas provocando una miasis controlada. El uso médico es posible por la peculiaridad de que las larvas de este insecto se alimentan tan sólo del tejido muerto, evitando el tejido intacto, estimulando además la cicatrización.

Lucilia sericata Las larvas tienen una digestión extracorporal. Pueden aplicarse durante dos o tres días directamente sobre la herida, en una red de nylon, o confinadas en una bolsa de espuma polivinílica o gasa (en este último caso los jugos digestivos y otras sustancias se distribuyen sobre la herida y el tejido necrótico licuefacto retorna a través de la gasa: esta variante de la terapia es muy aceptada por los pacientes y por el personal sanitario).

Historia

Los cirujanos que acompañaban a los ejércitos de las guerras europeas de los siglos XVI y XVII documentaron cómo las heridas de soldados infestados de larvas sanaban con mayor rapidez, siendo el más destacado el cirujano francés Ambroise Paré (1510-1592), cirujano real de los reyes Enrique II (1519 – 1559), Francisco II (1544 –1560), Carlos IX (1550 - 1574) y Enrique III (1551 - 1589) y considerado el padre de la cirugía moderna, quien dió cuenta de este efecto en la Batalla de San Quintín (1557), aunque pensando que se trataba de gusanos y no de larvas de mosca, y sin atribuirle en ningun momento propiedades terapéuticas.

Posteriormente, el cirujano general de Napoleón Bonaparte (1769 – 1821), el Barón Dominique Larrey (1766 – 1842).

(imagen) describió como durante la campaña francesa en Siria 1799, las larvas de ciertas especies de mosca destruían únicamente el tejido muerto y propiciaban un efecto positivo en el sanado de las heridas.

En Curiosities of Medical Experience (1839) el médico John Gideon Millingen explicaba que durante la Guerra de la Independencia Española, en la batalla de Talavera (1809) que él mismo presenció, los soldados ingleses heridos que no habían sido vestidos, en tres o cuatro días desarrollaban larvas, mientras que los soldados españoles lo evitaban impregnando sus ropas con aceite de oliva. John Gideon Millingen aseguraba de las larvas que "da pánico más que suponer un peligro".

Guerra de Secesión NorteamericanaEn la Guerra de Secesión Norteamericana (1861-1865, ver imagen) encontramos relatos sobre el uso de la terapia por ambos contendientes.

Durante Primera Guerra Mundial, el Dr. William S. Baer, cirujano ortopédico, observó para su sorpresa que en las heridas en las que se encontraban larvas no se había formado pus. Antes bien, incluso aparecía neoformación de tejido. Se fijó especialmente en el caso de un soldado encontrado herido tras varios días con fracturas de fémur y heridas de considerable tamaño en la musculatura abdominal y en el escroto. Cuando el soldado llegó al hospital, no tenía ninguna muestra de fiebre a pesar de la naturaleza severa de sus lesiones. Cuando se le desvisitió, se observaron “millares y millares de gusanos que ocupaban toda el área de la herida”. Cuando las larvas fueron retiradas “no había prácticamente hueso expuesto a la vista y la estructura interna del hueso herido se encontraba tan bien como las piezas circundantes que fueron cubiertas enteramente con una capa del tejido rosado y fino, más hermoso de lo que uno podría imaginar”. Este caso ocurrió en un momento en que el índice de mortalidad para las fracturas compuestas del fémur era cerca de 75-80%.

Tras la guerra, en la Universidad de Johns Hopkins, en 1929, el Dr. Baer introdujo larvas en 21 pacientes con osteomielitis crónica (inflamación de la médula ósea) insuperable. Observó un rápido desbridamiento, reducciones en el número de organismos patógenos, niveles reducidos del olor, alcalización del lecho de la herida e índices ideales para la sanación. Las 21 lesiones abiertas de sus pacientes fueron curados totalmente y fueron dados de alta del hospital después de 2 meses de la terapia larval. Muy pocos pacientes desarrollaron complicaciones serias, como gangrena gaseosa o tétanos. Baer insistió por ello en la esterilización de las larvas.

Tras la muerte de Baer en 1931, el éxito de la aplicación de su terapia fue tal, que más de 300 hospitales en En Estados Unidos la aplicaron con regularidad, y aparecieron más de 100 publicaciones en el periodo comprendido entre 1930-1940. La literatura médica de este tiempo contiene muchas referencias al uso acertado de gusanos en heridas crónicas o infectadas incluyendo osteomielitis, abscesos, quemaduras y mastoiditis subaguda. Posteriormente muchos otros países adoptaron esta solución. La compañía farmacéutica, Lederle, produjo un gran comercio con los “gusanos quirúrgicos”, las larvas de Phaenicia sericata, un insecto necrófago facultativo que consume solamente el tejido fino necrótico.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los sanitarios británicos destacados en Birmania observaron cómo los nativos hacían un uso tradicional de las larvas sobre las heridas, cubriéndolas con barro y hierbas húmedas,pero una vez finalizada la contienda el uso extensivo de la terapia de gusanos fue deshechado tras el descubrimiento y la utilización creciente de la penicilina.

Resurgimiento de la terapia

En las décadas de los 1970 y 1980 el tratamiento se empleaba como último recurso en los casos de infección más refractarios. Desde los años 80 se utiliza habitualmente en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, donde hay laboratorios que las producen mediante procedimientos estériles y bajo severos controles de calidad. En la década de los 1990 contnúa el resurgir de la terapia. Debido a la aparición de bacterias resistentes a los antibioticos, una serie de publicaciones abordan la revisión de la terapia larval, en lo concerniente a la comparación con la eficacia de otros métodos y en la necesidad de esperar hasta que fallen otras intervenciones cuando el factor tiempo es importante en los cuidados de las heridas. Ronald Sherman, un médico actualmente en la Universidad de California, en Irvine, realizó una serie de estudios que promovieron la reintroducción con éxito la terapia larval en el arsenal terapéutico de la asistencia médica moderna como terapia segura y eficaz. En 1989 comenzó a criar las moscas que previamente mantenía en su laboratorio en el centro médico de veteranos de Long Beach, California, para utilizar las larvas en el tratamiento de heridas (en la actualidad existen diversas empresas que se especializan en producir larvas para propósito terapéutico). El éxito de este ensayo clínico en pacientes en los que habían fracasado dos o más tratamientos convencionales atrajo la atención internacional y la aceptación de este tratamiento. La especie terapéutica utilizada, tras valorar otras fue Lucilia sericata, la más empleada hasta el momento.

En 1996 se creó la Sociedad Bioterapéutica internacional, una asociación profesional que se ocupa del estudio y la promoción de tratamientos con organismos vivos, y en especial de la terapia larval.

En el año 2002 la terapia ya estaba siendo empleada en más de 2000 centros de salud. En 2003 la FDA (la Food and Drug Administration, prestigiosa y rigurosa instancia gubernamental de los Estados Unidos que regula los medicamentos y los tratamientos médicos) determinó que la regulación de su uso se debía ajustar a la de un tratamiento médico. Actualmente, el número de centros que aplican esta terapia probablemente excede de los 10.000.

En España también las larvas de la especie Lucilia sericata han comenzado a utilizarse en España para tratar heridas que no acaban de cicatrizar: en mayo de 2010 surgió la noticia de que en el Hospital Clinic de Barcelona se había iniciado un ensayo clínico para comprobar la eficacia de la terapia larval frente a tratamientos habituales en heridas con abundante tejido necrótico. El tratamiento, que se aplicó en dos pacientes como forma de terapia alternativa frente a las convencionales como la pomada, terminó con éxito.

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2010-2012 Juan Ledo
mosca@sinek.es