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Brazil (una mosca muy inoportuna)

Si el término utopía alude después de Tomás Moro (1478 - 1535) a un lugar sin correspondencia en el territorio (ou-topos) que habría que buscar, y que tendría las virtudes de ser bello, nuevo y puro y con una sociedad perfectamente amigada y humana, distopía (término acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill —1806 - 187Película Brazil3— ) sería casi lo contrario, sería el mal sueño, el error en el diseño social o político que da lugar a una comunidad errónea o que vive con un diseño totalmente equivocado, irracional y frecuentemente espantoso. La literatura ha utilizado la imaginación para alertar, mediante advertencias distópicas frecuentemente catastrofistas pero no del todo infundadas, en qué podría convertirse el mundo si no frenamos el crecimiento de los aspectos sociales patológicos. Estas distopías suelen ser críticas a los totalitarismos tanto de izquierdas como de derechas, a la excesiva tecnologización del mundo, al peligro nuclear, o a la Biología utilizada torticeramente, y han alcanzado su cima literaria en obras como Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1894 - 1963); 1984, de Georges Orwell (1903 - 1950) o Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (n. 1920) y su cumbre cinematográfica en películas como —entre otras— Metrópolis (1927), de Fritz Lang (1890 - 1976), La naranja mecánica (1971), de Stanley Kubrick (1928 - 1999), Rollerball (1975), de Norman Jewison (n. 1926) , La fuga de Logan (1976), de Michael Anderson (n. 1920), Blade Runner (1982), de Ridley Scott (n. 1937), Doce monos (1995), de Terry Gilliam (n. 1940), Gattaca (1997), de Andrew Niccol (n. 1964) y, por supuesto, en las versiones fílmicas de los libros antes mencionados.

Y luego está esa otra película también distópica, también de culto que se llama Brazil (1984), del citado Terry Gilliam y que ningún apasionado del cine diferente se puede perder.

Terry Vance Gilliam (n. 22 de noviembre de 1940) es un afamado actor y director de cine. Único miembro norteamericano de la troupe humorística Monty Python, resultó ser el más contestatario y subversivo del grupo. Como director, además de los filmes ya citados Brazil (1984) y Doce monos (1995), es también el autor de otras obras muy conocidas, como Las aventuras del Barón Munchausen (1988), Miedo y asco en las Vegas (1988) o El rey pescador (1991)

Ficha de Brazil:

DIRECCIÓN:          Terry Gilliam

ESCRITA POR:       Terry Gilliam, Tom Stoppard y Charles McKeown

FOTOGRAFÍA:        Roger Pratt

REPARTO: 

Jonathan Pryce (Sam Lowry)
Robert de Niro (Harry Tuttle)
Katherine Helmond (Ida Lowry)
Ian Holm (Kurtzmann)
Bob Hoskins (Spoor)
Michael Palin (Jack Lint)
Ian Richardson (Warrenn)
Peter Vaughan (Helpmann)
Kim Greist (Jill Layton)
Jim Broadbent (Dr. Jaffe)

SINOPSIS: En un extraño y deprimente universo futurista donde reinan las máquinas, una mosca muerta cae dentro de una impresora y hace que la orden de detención que estaba saliendo a nombre del subversivo Harry Tuttle (Robert de Niro—n. 1943— ) lo haga a nombre del tranquilo padre de familia Harry Buttle, que es inmediatamente detenido y hecho desaparecer por los eficaces y desalmados comandos especiales del poderoso y burocrático Ministerio de Información. Cuando se descubre el error, es Sam Lowry (interpretado por un joven Jonathan Pryce —n. 1947— que haría un papel impecable, anticipador de lo que nos ofrecería después) el encargado de devolver un talón a la familia de la víctima, pero al hacerlo descubre que realmente existe —pues la conoce— la mujer de sus sueños: Jill Layton, interpretada por la siempre desaprovechada Kim Greist (n. 1958) .

Los sueños que Sam tiene son agónicos, no representan escapes a la aplastante —por monótona— realidad en la que vive: su puPelícula Brazilesto mediocre en una organización burocrática más mediocre todavía, y una cotidianeidad vivencial caracterizada por un mundo controlado por el Estado que recuerda frecuentemente el 1984 orweliano, en el cual lo peor parece no ser la opresión sino la resignación de los que la padecen; los sueños de Sam son plasmación de la impotencia, son apariciones de monstruos leviatanes (enormes edificios o pilares que emergen del suelo) que se interponen —implacables— entre él y su amada, que se halla prisionera.

Pero cuando despierta no ceja en su afán de lograr la meta que Película Brazilpretende. ¿Dónde se ubicará su amada Jill? Su ambiciosa madre llevaba tiempo intentando que Sam no se conformara con su puesto y que accediese a uno mejor dentro del Departamento de Obtención de Información, donde tiene influencias. Sam siempre se había negado, pero ahora comprende que desde esa altura podrá acceder a los archivos secretos de TODOS los ciudadanos.

Finalmente, el protagonista conseguirá a la chica, pero su felicidad durará poco: el Estado emplea sus armas habituales para acabar con elementos “subversivos” como ellos, y Hill será asesinada y él torturado hasta la locura.

En esta película, su director Terry Gilliam realiza tal vez su obra más personal y acabada. Se nota el sello Monty Phyton, pero tras cada gag, tras cada situación impactante, tras cada humorada más o menos esperada, y tras los decorados bladerunnerianos y la música ad-hoc que la acompaña, subyace una crítica político-social feroz no sólo al Estado (control, burocracia, energías malgastadas, asesinato del espíritu) sino también al individuo (aburrimiento, resignación y falta de lucha y de ideales). Es, sin duda, una obra influida por El proceso (1925) de Franz Kafka (1883 - 1924): indefensión del Hombre frente a su destino, y el 1984 (1949) de George Orwell (1903 - 1950): lucha entre el Individuo y la colectividad organizada de forma totalitaria.

Un film de culto:

BRAZIL fue elegida la película del año 1985 por la Asociación de Críticos de Los Angeles (LAFCA) pero, sin embargo, contó con una distribución reducida y problemas en la postproducción que originó el primero de los múltiples desacuerdos que el director ha tenido con sus productores. En fin, quizás lo que más nos interesa de BRAZIL es que es una película extraordinaria, un film impiadoso y desesperanzador... Una distopía disfrazada de falsa comedia en la que resaltan por igual los trabajos del director artístico, del guionista Tom Stoppard (n. 1937) y de un músico, nunca tan aprovechado como aquí, como Michael Kamen (1948 - 2003) .

 

 
gif mosca

2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es