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El hombre mosca La mosca de fuego La mosca (1958) Las moscas de la ira (Los siete pecados capitales, 1962) En busca de la mosca perdida (Indiana Jones I, 1981) ¿Es posible capturar una mosca con palillos chinos? (Karate Kid, 1984) Una mosca de lo más inoportuno (Brazil, 1985) Ten miedo, !Ten mucho miedo! (La mosca, 1986) Moscas de bar (Barfly, 1987) ¿Quieres ligar? ¡Ponte una mosca en la cara! (La discreta, 1990) Yo cazaba moscas para Howard Hugues (El aviador, 2004) Por qué a las moscas no les gusta el cine

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¡Ten miedo! ¡Ten mucho miedo!


Como el cineasta Kurt Neumann (1908 - 1958) falleció el 21 de agosto de 1958 (por causas naturales, no por acto de suicidio, como llegó a decirse), no le dio tiempo a presenciar la premier de La mosca, la película que acababa de terminar y que sería un gran éxito. El film estadounidense estaba protagonizado por David Hedison (n. 1927 ¡los que tengan unos añitos lo recordarán por Viaje al fondo del mar como el capitán Lee Crane!) como Andre Delambre, Patricia Owens (1925 - 2000) como Helene Delambre, el siempre convincente Vincent Price (1911 - 1993) como François Delambre y Herbert Marshall (1890 - 1966) como Inspector Charas. El film, a medio camino entre el cine de terror y el de ciencia-ficción, ha acabado por convertirse, al correr de los años en todo un clásico, por mucho que algunos incondicionales del género lo acusen de ingenuidad y opinen que por esa razón no ha sabido envejecer. La historia, escrita por James Clavell (1924 - 1994) —que luego participaría en la redacción de La gran evasión—, estaba basada en un relato corto de George Langelaan (1908 - 1972) publicado originariamente en la The Flyrevista Playboy, y trata de un científico que, ocupado en experimentos de teletransporte, se introduce él mismo en la máquina que ha diseñado con el objeto de viajar instantáneamente entre dos puntos mediante la estrategia de des-integrase en el primero para luego re-integrarse en el segundo. Pero ocurre un horrible accidente: inopinadamente una mosca se introduce en la cápsula mágica y el resultado es una criatura mitad humana-mitad mosca, una persona y un insecto fundidos en un único ser.

La peli está salpimentada con un poco de guión: El monstruoso ser CON CUERPO HUMANO Y CABEZA DE MOSCA solicita a su mujer que lo mate, y ella accede, con lo cual se gana una investigación de la policía. La trama se resuelve al final, cuando el inspector oye una voz solicitando ayuda que proviene de una tela de araña, y resulta que esa voz era la de un monstruoso ser CON CUERPO DE MOSCA Y CABEZA HUMANA.

Partiendo de esa base previa, en 1986 surgió un más que interesante remake de la historia: el dirigido por David Cronenberg (n. 1943) y teniendo como actores principales a Jeff Goldblum (n. 1952, en la fotografía inferior) y Geena Davis (n. 1956), a quienes les valió para iniciar una relación sentimental y quienes ya se conocían desde que el año anterior hubiesen rodado juntos la insípida Transilvania 6-5000).

¿Diferencias entre ambas versiones? Los guiones no son extraordinariamente disparejos, pero cada una de las películas que generan son hijas de épocas bien diferentes. Así, la versión más antigua data de la Guerra Fría entre bloques, de los años de los científicos chiflados, de las bombas atómicas todavía recientes, de los debates éticos en un clima de miedo contenido. Ello explica un género de ciencia-ficción de catástrofes naturales y mutaciones en el cual los efectos especiales —por muy naïves que hoy nos parezcan—alcanzaban resultados nunca antes imaginados, y en el cual los celuloides supuraban moralina sobre lo que el Ser Humano debía o no hacer. La Mosca de Cronenberg, en cambio, es de 28 años después. El leit motiv básico es puramente kafkiano: Seth Brundle es el nuevo Gregorio Samsa (con la principal diferencia de que él tiene bastante culpa de lo que le ocurre): su cuerpo ha mutado y ha devenido horripilante, repulsivo para el resto del género humano. Eso es dramático. El cambio, además, opera paulatinamente; Seth ve su cuerpo degenerar día a día. Aquí, de forma diversa a lo que ocurre en La Mosca de Neumann, más que la evolución ética del protagonista, lo que parece interesar es el cambio físico en sí y la luctabilidad o ineluctabilidad de ese hecho. Si en la versión de Neumann, el protagonista iba con la cabeza cubierta, sugiriendo los efectos del accidente y el terrible secreto tardaba un buen rato en desvelarse, Cronenberg se centra en la transformación de la carne, en su viaje lento o rápido pero seguro y eficaz hacia el precipicio. Y quizás no está pensando más en la vejez que en la enfermedad, y decimos eso por dos razones: porque sabemos que el padre de Cronenberg tuvo una enfermedad degenerativa que le afectaba física y mentalmente, y porque (y aquí otra vez invocamos la importancia del contexto histórico del que nace la creación) es justamente la época en la que el SIDA deja su infancia y alcanza la madurez: a mediados de los ochenta los contagiados son ya muchos y los muertos, demasiados. Y los remedios todavía no se vislumbran. La gente piensa que si Rock Hudson (1925 - 1985) no ha podido hacer nada por evitar su muerte, los demás tampoco podremos…

En cuanto a los aspectos más técnicos, digamos que el encargado de realizar el remake era, en un principio, Robert Bierman, quien llegó a trabajar en la preproducción de la película hasta que una tragedia personal le obligó a abandonarla. Sólo cuatro meses después de la renuncia, David Cronenberg entraría en el proyecto.

Charles Edward Pogue fue quien tuvo la idea de versionar La Mosca y escribió un guión ad hoc, pero cuando Cronenberg fue contratado —el dinero manda— puso como condición sine qua non poder manipular el script a su gusto: cambió diálogos, nombres de personajes y buena parte de la trama, salvando del guión original algunos detalles como la metamorfosis en hombre-mosca, pero dejando su impronta que hace que la mayoría de críticos considere La Mosca si no su mejor película, como mínimo la más personal. Efectivamente: allí no está sólo el tema del lado negativo de la esencia de la vida (su carácter efímero y, por tanto, trágico; el dolor físico y moral que compaña al envejecimiento y a la enfermedad), sino también los líThe Flymites del amor (¿es posible amar a una viscosa mosca del tamaño de un hombre?), la definición y contenido de la soledad (y si no se puede tener amor —porque se es un monstruo o por lo que sea—, ¿vale la pena vivir?), y el deseo de quimeras taumatúrgicas que conviertan al Hombre en lo que quiere ser…(Cronenberg: "en cierto sentido, cada persona es un científico loco, y el mundo es su laboratorio").

Decidido el proyecto, Cronenberg lo puso en práctica en Canadá, como casi siempre (la mayor parte de Madame Butterfly y de Spider fueron rodadas en China e Inglaterra, respectivamente, pero todo lo demás ha sido rodado siempre en su provincia natal de Ontario, incluidas las pelis de estudio) y se encargó de rodearse de los mejores profesionales:

Para los papeles protagonistas optó —tras la renuncia de Michael Keaton (n. 1951), a quien se le había ofrecido— por el atlético Jeff Goldblum, así como por la emergente Geena Davis, quien alcanzaría cinco años después su cénit en Thelma y Louise, al lado de Susan Sarandon (n. 1946).

El maquillaje tenían la máxima importancia, pues se trataba de realizar una película impactante al máximo pero sin caer en el gore. El encargado de trasladar a la realidad esa misión fue el simpar Chris Walas (n. 1955), cuyos trabajadores de la Chris Walas Inc. se documentaban ampliamente en leer libros de enfermedades para aprender a diseñar el inicio de la patológica mutación, y luego dedicaban hasta cinco horas de tiempo y esmero (para las escenas de mayor transformación) en caracterizar a Jeff Goldblum en el hombre-mosca que querían. El trabajo obtuvo el reconocimiento de Hollywood en forma de Óscar por su talentosa labor. Desgraciadamente, a Chris Wallas se le ocurrió dirigir tres años después una segunda parte de La Mosca (no digan una secuela: secuela es un término médico que se refiere a toda manifestación patológica que persiste durante más o menos tiempo tras una enfermedad y a consecuencia de ella) y sólo consiguió una caricatura de su predecesora.

Y en cuanto a la música, para la BSO fue el escogido el también torontoniano y confeso culé (de hecho es socio del FC Barcelona) Howard Shore (n. 1946), conocido entonces sólo por After Hours (1985) y poco más, pero que subiría al Olimpo de los Grandes gracias a La Mosca, y se instalaría en él definitivamente gracias a El Silencio de los Corderos (1991), Philadelphia (1993), Ed Wood (1994), Seven (1995), El Señor de los Anillos (2001), El aviador (2004) o Una historia de violencia (2005, esta última, también de Cronenberg), entre otras. Como anécdota diremos que fue Howard Shore quien sugirió a Dan Aykroid (n. 1952) y al malogrado John Belushi (1949 - 1982) el nombre de The Blues Brothers.

Otras curiosidades:

Resumen: para formar la manera en que vemos al otro, es interesante leer libros como La metamorfosis de Franz Kafka (1883 - 1924) o cualquiera de Fiódor Dostoievski (1821 - 1881), o ver películas como Johnny cogió su fusil (1971) de Dalton Trumbo (1905 - 1976), El hombre elefante (1980) de David Lynch (n. 1946) o La mosca de David Cronenberg.

 

 

 
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2010-2012 Juan Ledo
mosca@sinek.es