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En Barcelona, la calle de las moscas

Calle de las Moscas: Topónimo curioso que adoptan muchas calles, no sólo en España sino también en todo el mundo. Se les suele llamar así porque la suciedad o insalubridad de antaño Calle de las Moscas, ayer hacía que estuvieran constantemente habitadas por tan indeseado visitante.

El carrer de les Mosques de Barcelona (a la izquierda, en una foto antigua), al parecer fue llamado así por sus vecinos por el hecho de que allí se localizaban los almacenes donde se guardaba la mercancía que no se había vendido en los mercados vecinos de El Born y de Santa Caterina con lo cual, sobre todo durante el verano, las moscas llenaban la pequeña y estrecha calle.

La calle va desde la calle Montcada (la del Museo Picasso) hasta la calle dels Flassaders (fabricantes de mantas), y es considerada la más estrecha de Barcelona. Bueno: hoy la calle es excepcionalmente estrecha, pero hace bastante tiempo, antes de que Barcelona derribase sus murallas a mediados del siglo XIX, más de 200 calles tenían menos de tres metros de ancho (por ejemplo el desparecido carrer Doncelles, que estaba por la Via Laietana, sólo tenía 1,10 metros), y más de 400 tenían menos de seis. Eso explica que hoy en día en Barcelona exista una calle llamada Ancha (Carrer Ample) con sólo seis metros de lado a lado.

Hasta hace unos años, era costumbre fer la creu al carrer de les mosques, que consistía en extender los brazos de forma que se pudiera tocar con las manos y al mismo tiempo los dos lados de la calle. Hoy eso no es posible: la calle de las Moscas no es transitable, pues la gente incívica la tomaba por un urinario público y la dejaba casi tan sucia y maloliente como en sus peores épocas, así es que los vecinos, tras continuadas quejas, consiguieron en 1991 cerrarla con llave por ambos extremos.

Curiosidad: a pesar de ser tan estrecha se dice, y parece que es cierto, que… ¡por allí ha circulado un coche! No cualquiera, por supuesto, pero sí un 600. Pensemos que la calle, por su parte más estrecha mide 1,48 mts., mientras que el pequeño utilitario hace 1,38 mts. en su parte más ancha. Eso sí, no hacen falta muchas matemáticas para darse cuenta de que el conductor tuvo que ser muy hábil y andar despierto avanzando por la calle para no rascar ningún lateral, pues no le sobraron más que 5 cms. por cada lado.

Otra curiosidad: si consiguiéramos entrar en la calle, nos encontraríamos a media altura con otra que la corta perpendicularmente y que se llama “de la Seca”. Se llama así, claro, porque allí estaba ubicada la principal seca catalana. Tanto la palabra catalana seca como Calle de las Moscas, hoyla castellana ceca vienen del árabe säkka, que significa lugar donde se fabrica moneda. Y allí se acuñó moneda durante mucho tiempo, concretamente de 1441 a 1849, si bien no de forma continua, pues Felipe V (1683 - 1746) ordenó clausurarla en 1717 y hasta 1808, con los franceses en Cataluña, no se reabrió. La fecha 1441 corresponde al momento en el que el rey Alfonso V (1396 - 1458) otorgó a Leonardo de Sos (su ujier) el derecho de acuñar moneda. Y 1849 es cuando, según la documentación que se conserva en la Casa de l’Ardiaca, la Seca de Barcelona dejó de acuñar moneda.

Dice Josep Maria Espinàs (n. 1927): “cualquier particular o entidad podía llevar oro o plata a la Seca en barra o en monedas, y la fábrica se lo devolvía en moneda corriente, cobrándole un gasto en concepto de liga y acuñación. No todas las monedas, no obstante, salían de la fábrica con el mismo peso… Por eso los barceloneses tenían buen trabajo en pesar las monedas de una en una, y en todas las casas —ni que decir tiene en todos los comercios— tenían unas pequeñas balanzas con el correspondiente juego de pesos.

Así es que la Seca de Barcelona todavía anda por allí, con su alta chimenea, ocupando un espacio de dimensiones considerables limitado por el Carrer de la Seca, el Carrer de la Cirera (de la Cereza), el Carrer dels Flassaders y el de les Mosques. No conserva excesivos vestigios de su naturaleza original y sí predominan los restos de las remodelaciones que se hicieron en los siglos XVII y XVIII. La puerta principal de la antigua fábrica da al Carrer dels Flassaders, número 40. Es un gran arco coronado con un gran escudo real de los Borbones que puede pasar desapercibido a causa de la estrechez de la calle.

Claude GeléeEl insigne etnólogo y folklorista catalán Joan Amades i Gelats (1890 - 1959) dice que la Calle de las Moscas fue durante un tiempo un callejón sin salida que acababa en un burdel de cierta categoría. El burdel se hallaba siempre bastante concurrido, sobre todo por la gente marinera. Al parecer, algunas de las mujeres que allí trabajaban habían salido del oficio después de que un marinero las quitase de ese malvivir a causa de la típica promesa a la Virgen hecha en algún momento de mala mar. La gente mayor, en sentido burlón y malicioso, decía: “Al carrer de les Mosques, fan funció a les fosques” (En la Calle de las Moscas hay función a oscuras). En la esquina del Carrer dels Flassaders con el de les Mosques existe todavía una cabeza de piedra con la imagen de un hombre de grandes bigotes (fotografía). Esta cabeza tiene un nombre: se llama papamoscas, y formaba parte de dicho burdel. El nombre de papamoscas parece tomado del autómata de la Catedral de Burgos que todas las horas en punto abre la boca al tiempo que mueve su brazo derecho para accionar el badajo de una campana.

 

 

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2010-2012 Juan Ledo
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