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Mosca de Lamberti

(Güelfos y gibelinos)

Federico Barbarroja

Los términos güelfos y gibelinos proceden de los términos italianos guelfi y ghibellini, con los que se denominaban las dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en Alemania respectivamente a la Casa de Baviera (los Welfen, pronunciado Güelfen y de ahí la palabra «güelfo») y a la casa de los Hohenstaufen de Suabia, señores del castillo de Waiblingen (y de ahí la palabra «gibelino»). La lucha entre ambas facciones tuvo lugar también en Italia desde la segunda mitad del siglo. Su contexto histórico era el conflicto secular entre el Pontificado y el Sacro Imperio Romano Germánico, los dos poderes universales que se disputaban el Dominium mundi.

(En la imagen: Federico Barbarroja (1122- 1190) , su hijo Enrique VI (1165 - 1197) y el Duque Federico V, ilustración de la Crónica de los Güelfos)

Estas dos facciones se enfrentaban por la sucesión a la corona imperial después de morir el emperador Enrique V en 1125 sin dejar heredero. Los güelfos sostenían una línea política de autonomía en contra de cualquier intromisión externa y en contra de los privilegios nobiliarios, apoyando a la Iglesia en contraposición al Imperio, en una actitud cercana al independentismo. Los gibelinos, por el contrario, se oponían al poder del pontífice afirmando la supremacía de la institución imperial. Muerto Enrique V, por lo tanto, los primeros presentaron al trono de Alemania a Lotario, duque de Baviera y protegido del Pontífice, mientras que los gibelinos propusieron a Corrado, duque de Franconia, al cual el papa Honorio II no dudó en excomulgar.

Con la elección a rey de Alemania de Federico I Hohenstaufen (llamado el Barbarroja) en 1152 y su posterior coronación en 1155, y dado que Federico deseaba reafirmar en Italia su supremacía imperial, bajo su reinado (1152–1190) se verificó un desplazamiento de los términos güelfo y gibelino desde la zona alemana a la italiana, donde pasaron a denominar respectivamente a los partidarios del partido papal y a los defensores de la causa imperial. En Italia, Florencia, Milán y Mantua y otras ciudades abrazaron la causa güelfa, mientras que otras como Forlí, Pisa, Siena y Lucca se unieron a la causa imperial.

Desde la segunda mitad del siglo XIII la güelfa Florencia presentó batalla a la liga gibelina de las otras ciudades toscanas (Arezzo, Siena, Pistoia, Lucca y Pisa) en un largo conflicto que tuvo como máximo exponente las batallas de Montaperti en 1260 y la de Altopascio en 1325.

Durante el siglo XIV, los partidos güelfo y gibelino se dividieron en facciones internas (güelfos blancos contra güelfos negros), perdiéndose la fuerza y la combatividad original. Los dos términos sobrevivieron en los siglos sucesivos para denominar las líneas políticas favorables y contrarias a la Iglesia.

En este contexto de bandos enfrentados, fácil es suponer que flacas chispas podrían dar lugar a sanguinarias luchas, y éstas, a más enconados períodos de ira y odio.Odenplan
Conocida es la historia de Mosca de Lamberti y de Bertrán de Born, y que tiene su reflejo en la Divina Commedia del Dante Alighieri (XXVIII, 103-110): en Florencia la guerra (y una prolongada discordia civil en toda la Toscana) entre güelfos y gibelinos arranca cuando en 1215 Mosca dei Lamberti (Mosca, de la familia de los Lamberti) ayudado por otros compañeros dio muerte a puñaladas a Buondelmonte Buondelmonti para vengar el honor de los Amidei, porque estando comprometido para casarse con una hija de éstos, la abandonó para unirse a una de los Donati (ver Paraíso, XVI, 136 y ss). Mosca fue quien propuso el asesinato en un consejo de parientes de Amidei, pronunciando entonces las famosas palabras (ha quedado en el acervo popular todavía hoy) "Capo ha cosa fatta"  que significa que una cosa, cuando se ha cumplido, está terminada, queriendo decir que era bueno el asesinato y que no había que preocuparse de las consecuencias). La semilla del odio se expandió, y los primeros en padecerla fueron los propios Lamberti, expulsados de Florencia en 1258, diez años después fueron declarados rebeldes y finiquitada su familia.

En el Infierno (Canto XXVIII) y deteniéndose sobre el puente del noveno recinto, el propio Dante, junto con Virgilio observan el paso de los sembradores de discordia y causa de cismas (La palabra cisma y cismático no debe entenderse en este canto en el sentido religioso, sino simplemente como división de unos contra otros, sea en el seno de una familia sea entre naciones) entre los cuales, a Mosca dei Lamberti y a Bertrand de Born, que a su vez son castigados por un demonio que los corta y divide en partes.

Con este exemplum, el Dante trata de advertir sobre las terribles consecuencias del pecado de incontinencia de la ira, del castigo que tendrán los que generan disensión y desentendimiento entre las personas y su mutuo odio, de cómo será juzgada la violencia antinatural entre conciudadanos, y cómo no quedará impune traición ni la malicia que nace de la razón cegada y del corazón endurecido. La moraleja es que en el mar de caos y de muerte que surgió en Florencia, tanto güelfos como gibelinos serán expulsados de la vida ciudadana primero, pero luego también de la eterna, pues ninguna de esas facciones siguió el camino marcado por la paz y la justicia que conducirían a un mundo ordenado a imagen de Dios.

Imagen: “Los cismáticos y los sembradores de discordia: Bertrán de Born y Mosca dei Lamberti”, de William Blake (1757 - 1827), National Gallery of Victoria, Melbourne.

En cuanto a Bertrand de Born (1140 - 1215), fue un brillante poeta provenzal y bravo guerrero, que floreció hacia la segunda mitad del siglo XII. Fue vizconde de Hautfort, en Gascuña, instigó al hijo de Enrique II de Inglaterra (1133 - 1189) a rebelarse contra su padre.

 

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2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es