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Todo lo que siempre quiso saber sobre las moscas y nunca se atrevió a preguntar Urinarios limpios gracias a las moscas ¿Se dedica a la publicidad? ¡Contrate a una mosca! En Asturias hay muchos moscones Dalí y las moscas vestidas por Balenciaga ¿Es Tokio una ciudad sin moscas? Las moscas y la generación espontánea Moscas en el cielo La seta asesinamoscas ¡Cuidado: Esa mosca puede ser espía! ¿Navegan moscas por el Sena? Moscas que dan sueño Gafas de ojos de mosca, gafas de ojos de abeja Papas con moscas Casu marzu (moscas y quesos) Origami (moscas de papel)

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La mosca Charles Chaplin, la mosca Bill Gates y la mosca Beyoncé ¿Quién puede más, una mosca o un elefante? La flor natural más grande del mundo vive gracias a las moscas Doctor, veo moscas que no existen Moscas de 50 kilogramos Las moscas ayudaban a Lance Armstrong a ganar los Tours de Francia Cabeza de mosca Pie de mosca El hombre que pintaba moscas en los relojes Cuadros llenos de moscas Calavera de diamantes, calavera de moscas Nevadas, viento y moscas antropófagas ¿Por qué los leones se suben a los árboles? ¿Por qué las cebras tienen rayas? Aceptamos mosca como animal de compañía ¿Existiría el hojaldre sin las moscas?


El hombre que pintaba moscas en los relojes


El miniaturista más famoso de España en los años 40 y 50 era aragonés de adopción, tanto, que quiso que su nombre artístico fuera precisamente ‘Aragón’. Le entrevistaba Marcial Buj en 1954:

"Hoy vamos a hablar con Leovigildo Alonso. Aunque Leovigildo es popLeovigildo Alonsoularísimo en Zaragoza, lo fue mucho más no sólo en nuestra ciudad sino en toda España, seguros estamos de que todavía no saben de quién se trata. Es que Leovigildo ha ocultado siempre ese nombre de rey visigodo que le pusieron al nacer, y prefirió popularizar un seudónimo: el de ‘Aragón’. Sí, señores; estamos con el simpático ‘Aragón’, popular miniaturista y no menos célebre velocipédico.

La bicicleta de ‘Aragón’ —’el Solitario’, como es llamado entre los ciclistas zaragozanos— es tan famosa como el mostacho de Zaurín, ‘Tragakilómetros’, ponemos por caso de celebridad ciclista local. Leovigildo —él no pidió llamarse así, palabra de honor—, es un auténtico artista de la miniatura, a la que ha dedicado casi toda su vida. Los veladores de los cafés zaragozanos de hace veinticinco años fueron los tableros de dibujo de ‘Aragón’. Sobre ellos pintó infinidad de escudos, de figuritas, de moscas… ¡La cantidad de moscas que pintaría en las esferas de los relojes de pulsera y bolsillo que le entregaban los clientes! Hoy sigue haciendo lo mismo, pero más tranquilo, más sosegado, en su estudio, sin tanta bohemia… Y abarca mucho más: miniatura, decoración, proyectos… Nos hemos encontrado con ‘Aragón’ y recordamos con alegría tiempos pasados; horas felices vividas en común por las peñas de artistas, cuando el café se pagaba con aquellos ‘Amadeos’ redondos y sonoros; con aquellos duros de los de antes de la guerra. Pedimos al artista amiLeovigildo Alonsogo que nos cuente su vida.

—¿De dónde eres?
—De Valladolid… y pintor.
—¿Por qué te pusieron de nombre Leovigildo?
—Porque no tenía todavía uso de razón; si llego a tenerla… Siguieron la tradición. Mi padre también se llamaba Leovigildo y supongo que por la misma causa…
—¿Cuándo viniste a Zaragoza?
—A la edad de cinco años, que destinaron a mi padre.
—¿Qué era?
—Militar. Puede decirse que soy zaragozano.
—¿Tu afición a la pintura?
—Desde niño. Estampa que caía en mis manos, estampa que pintaba.
—¿Aprendiste dibujo?
—Fui a la Escuela de Artes y aprendí Dibujo Artístico y Pintura. Hice también el Bachillerato.
—¿Entonces te dedicaste de lleno al dibujo?
—Todavía no. Murió mi padre e ingresé voluntario en el Ejército. Luego pasé a la Guardia Civil.
—¿Dejaste los pinceles?
—Nunca los dejé. Mis ratos libres los dedicaba a practicar con lápices, colores, plumillas… Más tarde, cuando me licenciaron, me dediqué al arte por entero.
—¿Cómo y dónde te vino la afición a la miniatura?
—Fue en París, adonde había ido en viaje algo aventurero. Allí me coloqué con un pintor japonés que se dedicaba a la decoración de abanicos. De ahí me vino la afición a miniar.
—¿Tiempo en la capital francesa?
—Diecisiete meses. Me casé e inicié con mi mujer una gira por las capitales españolas. Trabajé mucho y no hubo café, bar o casino en donde yo no entrase.
—¿Trabajaste en Madrid?
—Allí me hice muy popular. Me llamaban ‘el hombre dZaragozae la mosca’. Las pinté a millares en las esferas de los relojes.
—¿Cantidad de ellas miniadas?
—Unas cincuenta mil en toda España.
—¿Cuánto tiempo te cuesta pintar una?
—De cinco a seis minutos.
—¿Qué más hiciste en Madrid?
—En un solo día pinté 143 escudos del Real Madrid en otros tantos relojes propiedad de socios del club madridista.
—¿Dónde trabajaste más?
—En Santander y Pamplona.
—¿Te fue mal en algún sitio?
—En Andalucía.
—¿Hiciste exposiciones en tu gira?
—En Burgos, Lugo, Torrelavega, Santander y Pamplona.
—¿Miniaturas originales?
—Pinté en una lenteja una corrida de toros a todo color: toro, torero, ruedo, público…
—¿Alguna más…?
—Escribí el Credo completo en una judía. Toma nota de esto: en una plaquita de un centímetro pinté el Pilar con el puente y el río, pero con detalle ¿eh?. En el canto de una tarjeta de visita he escrito el nombre y los apellidos de su propietario; nombre y apellidos de otro señor en la saeta de un reloj de pulsera… También he miniado un Libro de Horas y en la tapa interior de otro reloj me hicieron dibujar el plano de una extraña y complicada maquinaria invento del interesado.
—¿Retratos en esferas de reloj?
—Muchísimos y todos con parecido.
—¿Cuánto tiempo duró la gira?
—De 1928 a 1935, incluido Zaragoza. Aquí monté mi primer estudio en la calle Miguel de Ara y allí me llovían los encargos.
—¿Anécdotas?
—Fue en el Café Colonial de Madrid. Unos chungones quisieron gastarle una broma a un amigo, que todavía no había llegado, y me encargaron que pintase una mosca en un vaso. Cuando llegó y vio la mosca —la sensación de realidad con el agua era perfecta—, ¡le armó una al camarero que para qué…! Después aún se enredó más al enterarse del bromazo. En Miranda de Ebro pasó un caso parecido con una chinche miniada en un plato del hotel.
—¿Es verdad que eres zurdo?
—No es que sea zurdo. Es que empleo las dos manos indistintamente. ¡Ah! y puedo dibujar con las dos a la vez temas distintos.
—¿Usas lupa?
—Para dibujar, no; la empleo para comprobar la exactitud del trazo.
—¿Te han hecho muchas interviús en tu peregrinar por España?
—Noventa y siete. Con esta de hoy, noventa y ocho.
—¿Banquetes homenaje?
—Tres.
—¿Tocas algún instrumento musical?
—La armónica y la concertina. Estudié cuatro cursos de piano.
—¿Otras aficiones, aparte del ciclismo?
—El ajedrez. Siento por ese juego una gran pRamón Rey Ardidasión.
—¿Qué tal juegas?
—¡Bah!, regular. Una vez jugué con Rey Ardid y otra con Juncosa, y los dos me ganaron.
—¿Obras tuyas de decoración?
—El altar de la Virgen de Magallón de la iglesia de Robres (Huesca); la iglesia de Aguilón (Zaragoza); el salón de baile, teatro y Ayuntamiento de Pina de Ebro; varios temas humorísticos en el parador del Moto Club de Aragón en la Venta de los Caballos; las residencias de oficia!es del Parque de Artillería de Zaragoza; varios bares y establecimientos…
—¿Tu especialidad dentro de la pintura?
—Los pergaminos.
—Vamos a hablar un rato de ciclismo. ¿Por qué te llaman ‘El Solitario’?
—Porque me gusta ir solo en las excursiones.
—¿Desde cuándo montas en bicicleta?
—Desde niño. En Valladolid fui el fundador del Club Ciclista Castellano.
—¿Cuántas máquinas has tenido?
—Trece.
—¿Kilómetros recorridos en toda tu vida?
—Pasan de ciento cincuenta mil.
—¿Cómo lo sabes?
—Tengo mi diario: diario de mi vida y excursiones.
—¿Kilómetros con la bicicleta número 13?
—Pasan de cuarenta mil.
—¿Qué llevas en tu famosa bicicleta?
—De todo: tienda de campaña, escopeta, caña de pescar, petromax, colchoneta, radio de pilas, prismáticos, máquina de retratar, batería de cocina, mochila… Aparte de botiquín completísimo —con inyectables, hilos, agujas, cuerdas—, juegos de todas clases, barajas, dados, ajedrez, parchís…
—¿Peso de la ‘bici’ equipada?
—Sesenta y siete kilos, más 61 que peso yo, 128 kilos en total.
—¿Siempre sales de excursión así?
—Solamente cuando he de hacer noche en el campo. ¡Ah! La ‘Gregoria’ siempre viene conmigo.
—¿Quién es ‘la Gregoria’?
—La bota de vino.
—¿Clase?
—Tintorro.
—¿No te aburres?
—Nunca.. Ya sabes que sé muchísimos chistes. Me los cuento y lo paso muy bien.
—Pero si ya los conoces todos…
—Sí, pero siempre me cuento alguno que no sé…
—¿Excursiones originales?
—Una a La Coruña en seis jornadas que hice en 1944.
—¿Recorrido?
—Logroño, Burgos, Saldaña, León, Lugo, La Coruña. Regresé por la costa hasta San Sebastián y vine a Zaragoza por Pamplona.
—¿Tiempo?
—Veinticuatro días.
—¿Otra?
—En 1926 hice Valladolid—Huesca.Mobylette
—¿Etapas?
—Burgos, Logroño, Zaragoza, Huesca. Di conferencias sobre ciclismo en Belorado, Logroño y Calahorra. Por cierto, que la bicicleta que mentaba —construcción especial francesa— se la vendí a un señor que se encaprichó de ella y tuve que regresar a Valladolid en tren.


Nuestra charla con Leovigildo Alonso, el popular ‘Alonso’, ha terminado. El miniaturista y velocipédico que tiene nombre de rey visigodo es uno de los pocos artistas que quedan con chalina. Aquí se queda, en su completo y ordenado estudio de la calle del Comandante Rodríguez de Córdoba, junto al castillo de la Aljafería, entre pergaminos, dibujos publicitarios, bocetos de decoración… Sobre uno de los pulcros trabajos que tiene en el tablero vemos una mosca, una descarada e impertinente mosca que ha ido a posarse en el tierno color. No nos atrevemos a espantarla con la mano, de verdad…"

Para ver la entrevista original, pincha aquí.

Por cierto, al año siguiente (1955), y para demostrar la bondad de los ciclomotores Mobylette, Leovigildo Alonso Esteves, “el aragonés solitario”, dio la vuelta a España sobre una Mobylette de serie, con un recorrido de casi 6.000 kms.

 

 
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2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es