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¿Es Tokio una ciudad sin moscas?

Es una cosa chocante para el turista que llega a Tokio que puedan pasar los días y los días y no se tope con ninguna mosca, especialmente en determinados distritos de la ciudad y aunque sea durante el más caluroso verano. ¿Cuál es la razón? ¿No hay basura allí? Sí, sí la hay. De hecho hay mucha: a la basura normal que se produce en cualquier núcleo de población del mundo desarroClasificación de basuras en Tokiollado hay que añadir la que comporta el hecho de que en el Japón sea costumbre arraigada que al comprar algo en una tienda, el artículo -por muy pequeño que éste sea-, se envuelva, se introduzca en una bolsa y se le entregue así al comprador, con lo que se contribuye sobremanera a un proceso en absoluto sostenible.

Así es que en Tokio SÍ hay basura, y mucha. La ciudad genera cada día exactamente 12.500 toneladas de ella, no tantas como Nueva York (14.000), pero sí bastante más que otras ciudades de mundo como Londres (7.000), Bogotá (6.000) o Buenos Aires (5.000).

La razón por la cual Tokio, a pesar de producir tantos desechos no es una ciudad sucia ni maloliente es el tratamiento que se da a la basura, y que hace que apenas se vea por las calles: ¡sólo en determinados lugares y a determinadas horas! Y es basura limpia: clasificada y bien envuelta… ¡A prueba de moscas!

Veamos cómo funciona el sistema de las basuras en la capital del meticuloso país oriental:

Básicamente podríamos decir que la basura se divide en combustible (incinerable) o no combustible (no incinerable). La primera es la (moeru gomi), que se recoge dos veces a la semana, y la segunda es la (moenai gomi), que se recoge una vez a la semana (esto supone que si se come pescado el día erróneo, se deberá soportar el olor de los restos hasta cuatro días en el domicilio; la situación puede ser bastante insoportable en un país que sufre unos veranos con altas temperaturas y un elevado grado de humedad). Luego existen otros desechos diferentes, cada uno con sus formas de tratar y sus días y horas de recogida. No es fácil. Las bolsas que albergan la basura no pueden ser cualesquiera, sino las reglamentarias y haberse comprado en supermercados o grandes almacenes. Si son diferentes, los servicios municipales sencillamente no se hacen cargo de ellas.

Panorámica de TokioLas normas, abundantes, pueden hacer perder las ganas de reciclar al que no acumule la suficiente paciencia. Digamos que Tokio se compone de 23 distritos; los días y horas de la recogida de desechos dependen del área en que se viva y están indicados con carteles situados en las calles. Cada distrito tiene su propia normativa sobre cómo tratar la basura, pero es normal que los desechos de mayor tamaño como muebles, bicicletas o PC’s deban llevar pegados una etiqueta adhesiva oficial, con los datos de su propietario; las cajas de cartón tienen que estar plegadas y atadas en el caso de tirar más de una; las botellas de plástico y de cristal siempre tienen que tirarse lavadas y sin etiquetas; los bricks de leche, nata o zumos de fruta han de ser enjuagados y luego doblados para que ocupen menos lugar; un simple recipiente de yogur se dividirá de la siguiente manera: la tapa es combustible, pero el resto —incombustible— irá a otro recipiente, y si lo rodea un papel, habrá que quitarlo. Luego, hay que separar las piezas, lavarlas, secarlas y clasificarlas. ¿El lápiz de labios? El lápiz en sí es un elemento incinerable, pero el tubo que lo contiene corresponde a la categoría de metales pequeños o plásticos. Una media de mujer es incinerable, pero si son dos, no tienen carreras y combinan entre sí, se consideran ropa usada. Después, como siempre, irá al contenedor correspondiente… ¡pero sólo después de lavadas y secadas!

¿Cuántas categorías de desechos existen? En todo el Japón, MUCHAS. No sabemos si demasiadas, pero sí es cierto que expertos de EEUU y de Europa creen que el modelo nipón podría llegar al resto de lugares desarrollados antes que después. Veamos un ejemplo japonés: en Yokohama, ciudad de 3,5 millones de habitantes, no hace mucho se pasó de cinco a diez el número de categorías de basura. La población casi se vuelve loca cuando los munícipes les entregaron un folleto de 27 páginas explicando cómo separar los diversos tipos de desperdicio. El folleto incluía información sobre hasta 518 residuos diferentes.

En la pequeña ciudad de Kamikatsu, en la isla de Shikoku, todavía van más lejos: insatisfechas las autoridades con las 34 categorías de basura que tenían establecidas, gradualmente fueron elevando el número hasta 44. Su objetivo es muy ambicioso: eliminar totalmente la basura para el año 2020.

Pero si las clasificadas, requeteenvueltas y meticulosamente empaquetadas basuras no pueden ser atacadas por las antihigiénicas moscas, eso no significa que no puedan serlo por otras especies. Veamos: en Japón siempre ha habido muchos cUn cuervo en Tokiouervos, y en su capital, también. Según un estudio realizado por el Gobierno Metropolitano de Tokio, el censo de cuervos en la ciudad indicaba que en 1985 unos 7.000 se hallaban avecindados. Pero en 1994 el gobierno municipal promocionó un cambio de las bolsas de basura habituales por otras de combustión menos contaminante. A partir de entonces el número de cuervos comenzó a incrementarse considerablemente: para el año 2000 el número se había más que quintuplicado, y aunque se luchó para que el número decreciese, a fecha de hoy el número supera los 40.000.

Expliquémoslo: En Tokio la bolsas de basura tradicionales eran negras y opacas. Las nuevas (ecológicas), en cambio, se hicieron semitransparentes con el objetivo de que se pudiera ver si en ella se había puesto lo que le correspondía, pero con el impensado resultado de que a los inteligentísimos córvidos le resulta muy fácil detectar los contenidos y alimentarse de lo que vislumbran. De hecho, casi podría decirse que estos animales hace tiempo que pueden comer a la carta.

Así es que de momento lo que se ha hecho para evitar que los cuervos abran las bolsas es cubrir los lugares de depósito de la basura con unas redes que no difieren demasiado de las que utilizan los pescadores cuando faenan en el mar.

Estas mallas o redes anti-cuervos afean el paisaje, pero se han revelado imprescindibles para evitar que estos córvidos de grandes dimensiones y con un potente pico (¡y agresivos cuando tienen hambre!) puedan ir más lejos de lo que ya van.

 

 
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2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es