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Nevadas, viento y moscas antropófagas

(La Ophelia de Millais)

En una carta de octubre de ese mes, decía cómo era su vida en la granja en la que estaban, y los problemas que las inclemencias comportaban: “El tiempo hoy no me ha dejado pintar fuera, así es que he pintado algunas flores confortablemente en el comedor. Hunt salió a pintar a su lugar al aire libre, pero volvió desconsoladamente empapado. Collins trabajabaMillais en su cobertizo y daba pena verlo; en este preciso momento está limpiando su paleta.” Ese mismo mes, comenzó a escribir su diario; el día 17 de ese mes anotó: “A las cinco dejo de pintar. Frío muy desagradable. Los niños vuelven a gritar”. Él era de carácter tendente a la depresión: regularmente escribía que se sentía sin inspiración o abatido. Incluso cuando recibió una carta en la que un tal señor James Michael le auguraba llegar a ser algún día "el mejor pintor inglés de todos los tiempos", anotó en su diario: "lánguido todo el día." 20 de octubre de 1851). 24 de octubre de 1851: “Otro día, exactamente similar al anterior. Caminé con Hunt hasta hasta donde él pinta; volví a casa sobre las once, y me puse a lo mío, pero apenas hice algo. Leí Tennyson y Patmore (…) Estuve muy deprimido.” 4 de noviembre de 1851: “Mañana terriblemente fría, con nieve. Decidido a construir algún tipo de protección contra el tiempo dentro del cual poder pintar. Después del desayuno, supervisé la construcción de la choza hecha con cuatro vallas, parecida a una garita para soldados y cubierta de paja. Me sentía como Robinson Crusoe dentro, bien a gusto protegido del viento, aunque con las inconveniencias al principio de la paja, el polvo, y otras cosas volando por ahí. La patrona vino a verme y me trajo un poco de vino caliente."

El 17 de noviembre, Millais [a la izquierda, en una foto de circa 1854], escribió en una carta a su amigo y patrón, el señor Combe, "El frío ha llegado a ser tan intenso que nos tememos que será imposible seguir pintando al aire libre. Hemos construido pequeñas chozas de paja que nos protegen algo del viento, y en ellas hemos afrentado con valentía los meteoros hasta la fecha.” A Millais le gustaba pintar los paisajes al aire libre, así es que los localizaba y luego los fotografiaba con su pincel. Es bien sabido por los artistas que pintan al aire libre, que frecuentemente tendrán que soportar condiciones hoscas, agrias, duras, a veces amenazantes. El pobre Millais, tuvo que hacer frente a nevadas, viento y moscas antropófagas. Él mismo dirá — exagerando un poquito— que los criminales condenados a pena de muerte sufren menos que la tortura a la que él se hubo de someter. Y no sólo eso, sino que también tuvo que enfrentarse a una denuncia por violar una propiedad privada, a un toro y a dos cisnes que le observaban descaradamente justo en el lugar preciso donde quería pintar. Así es que lo que vemos en la pintura, aunque parezca una Arcadia feliz o un locus amoenus, en la realidad era un entorno natural devenido dramática escena. Pero afortunadamente estos obstáculos no le impidieron realizar esta magnífica obra donde están Elisabeth Siddalplasmados, con todo lujo de detalles, los amplios conocimientos que el artista poseía en cuestión de botánica. Conocimientos que, por otra parte, fue ampliando a lo largo del desarrollo del cuadro y perfeccionados por algunos de sus amigos que llegaron a advertir que ciertas flores que había incorporado a la tela eran incoherentes con el resto de las que aparecían en ella, por lo que Millais no tuvo más remedio que eliminarlas.

Poco después terminó su trabajo, pero aun realizó, antes de retornar a Londres, el fondo de su Hugonote el día de San Bartolomé (Makins Collection, privada). En cuanto a la labor de estudio, la modelo escogida fue la británica Elizabeth Eleanor Siddal Rossetti (25 de julio de 1829 - 11 de febrero de 1862, ver fotografía de la izquierda). La joven, que trabajaba en una sombrerería, había sido descubierta cuando tenía 19 años por Walter Deverell (1827-1854), era alta, delgada y esbelta, con una delicada blancura en su piel y de apariencia casi angelical, y en 1860 se convirtió en la esposa del otro gran prerrafaelita, Dante Gabriel Rosetti, cuyo hermano William Michael Rossetti, la describiría como "una de las criaturas más bellas, con un aire entre dignidad y dulzura con algo que excedía la modestia y la autoestima y poseía una desdeñosa reserva; alta, finamente formada con un cuello suave y regular, con algunas características poco comunes, ojos verde-azulados y poco brillantes, grandes y perfectos párpados, una tez brillante y un espléndido, grueso y abundante cabello oro-cobrizo." Elizabeth Siddall era algo más que una modistilla de sombreros reconvertida en modelo de pintores prerrafaellitas y arquetipo estético de dicho movimiento. Ella misma poseía sensibilidad y aptitudes suficientes como para desempeñarse válidamente, entre otros oficios artísticos, como pintora y como poetisa (su amor por la poesía le vino a temprana edad, leyendo un poema de Alfred Tennyson (1809-1892) en un trozo de papel de periódico que había sido utilizado para envolver una porción de mantequilla).

ElizabethTwelfth Nigth Siddall fue muy admirada por los prerrafaelitas y también fue pintada por Walter Deverell en Twelfth Night, 1849-1850, (ver dibujo en la colección de la Tate abajo), por Hunt en A Converted British Family (1849-50) y en Valentine (1851 - 52), y a partir de 1852, por Rossetti. Para Millais tan sólo posó esta única vez. El pintor no dejó aparcada en la campiña su interés por la fidelidad llevada al máximo extremo (describir cada ramita, cada hojita, cada petalito), sino que permaneció fiel a ellacuando se puso a crear la figura femenina. Todo tenía que ser (seguir siendo) tan verosímil y realista como fuera posible, así es que en marzo de 1852 compró un bonito y muy fino vestido de época para vestir a su musa con él. Escribió a la señora Combe y le dijo: "hoy he comprado un vestido antiguo de mujer espléndido de verdad, bordado en plata con flores por todos los lados, y voy a pintarlo para el 'Ophelia'. Pensará que tiene mucho valor si le digo que me costó, viejo y sucio como estaba, cuatro libras."

Esas cuatro libras eran bastante dinero para la época, tal vez equivaldrían a unos 300 euros de hoy. Millais vestía con ese vestido de figuración a su modelo, y la sumergía de esa guisa en una bañera llena de agua. Se trataba de crear (para después captar y reflejar) el efecto de Elizabeth fingiendo ser una Ophelia en el momento del tránsito de la vida a la muerte, flotando en agua mansa mientras de su boca casi puede apreciarse como escapa el último aliento. No era una única sesión, claro está, sino una detrás de otra, todas ellas interminables. Para que el agua se mantuviera caliente, se colocaron algunas lámparas de petróleo debajo. Cuenta Johnny Millais que un día no se pudo calentar el agua y Elisabeth cogió frío y se enfermó durante varios días. De hecho, la congestión debió ser de las buenas, es decir, no un gran resfriado, sino tal vez una neumonía con todas las de la ley, pues un médico privado (tengamos en cuenta que en aquellos entonces no existía la Seguridad Social ni nada que se le pareciese) tuvo que asistirla repetidamente durante un buen tiempo. El padre de la artista, que trabajaba en Oxford en el mundo de las subastas y a quien seguramente no le sobraría el dinero, se enfadó considerablemente con el pinFanny Cornforthtor y ordenó a Millais que le sufragara las 50 facturas médicas que había tenido que costear.

Lo cierto es que una vez recuperada del enfriamiento acuático no volvió a trabajar para Millais. Tal vez el cénit de Elisabeth ya había pasado y apartir de ahí ya todo fue ir cuesta abajo. No sabemos si Lizzie (así la llamaba cariñosamente su madre y sus más allegados) arrastró secuelas de su enfriamiento, pero sí que se hallaba aquejada de trastornos de ánimo, y que esos sufrimientos se debían en gran parte a su infeliz relación con el hombre con el que se había casado, el también pintor que, por cierto, se llamaba realmente Gabriel Charles Dante Rosetti. Cuando Rossetti la conoció, no tardó mucho en enamorarse de ella y luego de nueve años, en 1860 se casaron. Pero la vida se Lizzie se vio afectada por las continuas infidelidades de su amado. Se cuenta que una noche en que Rossetti salió a tener un encuentro sexual con Fanny Cornforth (circa 1835 - circa 1906) [a la izquierda, fotografiada por William Downey (1829-1915) en 1863], apodada por el mismo artista La Elefanta, Lizzie apesadumbrada por la tristeza, bebió una sobredosis de láudano que terminó matándola. Al retornar a casa después de cometida la traición, y al encontrar a su frágil esposa muerta, el artista dejado llevar por un abrupto sentimiento de culpa decidió hacer por Lizzie un último sacrificio de amor: enterró enredado entre los cabellos de su amada que caían sobre su frío e inerte pecho, los poemas que el joven había dedicado a su amada, porque en realidad siempre la amó.

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2010-2013 Juan Ledo
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