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Aristóteles, ¿sólo sabía contar hasta cuatro?


Pocas personas ha habido y habrá tan inteligentes y cultas como el sabio Aristóteles de Estagira (384 adC – Calcis Eubea 322 adC), y pocas podrán esperar dar un empujón tan grande al conocimiento de su época como lo hizo él. Pero el macedonio erró en un montón de cosas (muchas de las cuales son recordadas por Bertrand Russell (1872-1970) en su “Compendio de pacotilla intelectual” y tildadas de absurdos ); veamos: apostó por la generación espontánea como una teoría válida sobre el origen de la vida, y propuso la abiogénesis de peces e insectos a partir del rocío, la humedad y el sudor (explicó que se originaban gracias a una interacción de fuerzas capaces de dar vida a lo que no la tenía con la materia no Aristotelesviva. A esta fuerza le llamó entelequia), que las mujeres tienen menos dientes que los hombres, que la sangre de las mujeres es más espesa y oscura que la de los hombres, que los niños deberían ser concebidos en invierno, cuando el viento está en el norte, que si el matrimonio es demasiado joven su descedencia será femenina, que la mordedura de un perro rabioso hace rabiar a cualquier animal menos al hombre, que la mitad izquierda del cuerpo humano es más fría que la derecha, que el hombre es el único animal que tiene músculos en las extremidades inferiores, que las personas que tienen la cabeza grande duermen mucho, que el cerebro no recibe sangre y es la parte más fría del cuerpo, por lo que está destinado a compensar el calor de las demás, que el cerdo es el único animal que puede contraer el sarampión, que sin un elefante padece insomnio hay que frotarle los cuartos delanteros con sal, aceite de oliva y agua caliente, que una gota de vino puesta en una vasija llena de agua se convierte en agua… y muchas otras cosas por el estilo.

Todas estas equivocaciones fueron corrigiéndose con el correr del tiempo, pero algunas de ellas quedaron enquistadas en el saber de forma lerda y tardaron en desaparecer más de lo que habría sido deseable. Ejemplo: la teoría de que los cuerpos más pesados de una materia específica caen de forma más rápida que aquellos que son más ligeros cuando sus formas son iguales, concepto equivocado que se aceptó como norma durante aproximadamente 1800 años hasta que el físico y astrónomo italiano Galileo Galilei (1564-1642) llevó a cabo su experimento con pesos arrojados desde la torre inclinada de Pisa.

Aristóteles estableció también que la mosca tiene cuatro patas, y no parece que mucha gente lo contradijera. ¿Es porque había quedado como dogma de fe debido al peso de la importancia de quien lo había dicho (eso podía ser especialmente cierto durante la Edad Media, cuando la escolástica regía y pecaba de acriticismo, de abandono de ciencias y empirismo y de una excesiva sumisión al argumento de autoridad)? No: cualquiera puede coger una mosca y contarle las extremidades. Algo parecido ocurre con la Biblia, concretamente en el Levítico (capítulos 11 y siguientes, “leyes sobre la pureza”), cuando dice en 11:20 que “tendréis en abominación todo insecto alado [volador] que anduviere sobre cuatro patas”, y seguramente estaba pensando en la mosca, entre otros insectos. Y en 11:21, cuando permite comer “todo insecto alado que camine sobre cuatro patas y que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra”, y aquí no hay duda de que se está refiriendo a las langostas o saltamontes. Pero la mosca es un insecto que, aunque utiliza sus patas delanteras como si fueran manos (agarrar los alimentos para comerlos, frotárselas una vez terminado su ágape para limpiárselas… y ¡hasta despejar la suciedad de sus ojos, pues no tienen párpados!), lo cierto es utilizan dichas patas delanteras igual que los otros dos pares, para caminar. En cuanto a las langostas o los saltamontes, se propulsan con las dos potentes patas traseras, pero caminan o pueden caminar con cualquiera de las seis. TODOS LOS INSECTOS tienen 6 patas (a diferencia de los ARÁCNIDOS, que no son insectos, y que tienen 8), y no hay ninguno de ellos, alado o no alado, que camine EXCLUSIVAMENTE con cuatro de ellas.

Así pues, no es que Aristóteles no supiese contar más de cuatro, ni que la Biblia estuviese equivocada; sencillamente, cuando los antiguos se referían a las patas, se referían a las patas-patas, y no a las patas-mano de la mosca, ni a las patas-piernas de los saltamontes, ni a las patas-gancho de otros animalillos como el Lethocerus ...

 

 
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2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es