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Moscas como pasatiempo

(Spinoza)

 

“…También se distraía a veces en fumar una pipa de tabaco; o bien, cuando quería distender el espíritu durante un poco más de tiempo, buscaba arañas a las que hacía batirse entre sí, o moscas que echaba en la tela de araña, y miraba entonces la batalla con tanto placer que rompía a veces en risa. Observaba tambien con el microscopio las diferentes partes de los más pequeños insectos, de donde sacaba después las consecuencias que le parecían convenir mejor a sus descubrimientos….” (Colerus)

TelarañaBaruch de Spinoza (también escrito Baruj de Spinoza) (hebreo: ברוך שפינוזה, latín: Benedictus de Spinoza, portugués: Bento de Espinosa), (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes (1596-1650) y el alemán Gottfried Leibniz (1646-1716).

Su familia era judía sefardí, al parecer de procedencia gallega (apellido Espinosa), que pore causade la intolerancia habría huido primero (en el siglo XV) de España a Portugal y más tarde, del país luso a Holanda.

En los Países Bajos recibió una educación judía ortodoxa, pero comoquiera que él demostraba tener ideas propias y postura crítica, no tardó en ser expulsado de la comunidad judía por los ancianos de la sinagoga (era el año de 1656, y el joven Baruch tenía 24 años):

“... habiendo fracasado en hacerle enmendar sus viles costumbres, y, por el contrario, habiendo recibido diariamente más y más informaciones serias sobre las abominables herejías que practica y enseña y sobre sus monstruosos actos, han decidido que el mencionado Spinoza debe ser excomulgado y expulsado del pueblo de Israel. Por decreto de los ángeles y por orden de los hombres santos, excomulgamos, expulsamos, maldecimos y condenamos a Baruch de Spinoza, con el consentimiento de Dios. Maldito sea por el día y maldito por la noche; maldito sea cuando yazga y maldito cuando se levante. Maldito cuando vaya y maldito cuando venga.”

SpinozaHolanda era un país tolerante, pero las comunidades judías que habitaban en ese país no estaban dispuestas a demasiada heterodoxia, pues creían que ello redundaría en una fractura de la comunidad, así es que Spinoza sufrió en sus carnes no poder expresar libremente su ideas, lo mismo que le pasó también, por citar sólo a dos de sus compañeros, a Uriel de Aste primero (en 1647) por negar la inmortalidad del alma y la revelación del mundo, y a Juan de Prado en ese mismo 1656 por afirmar que las almas mueren en los cuerpos, que Dios sólo existe filosóficamente y que la fe es un gran estorbo para una vida plena en la Tierra. Cabe decir que en el caso de Spinoza, los rabinos le dieron una oportunidad: le pidieron que se arrepintiera y si lo hacía incluso recibiría una pensión de mil florines. Pero el filósofo, lleno de entereza y de coherencia, se negó y respondió que no era ni corrupto ni hipócrita, sino un hombre que buscaba la verdad: eso es lo que determinó que a Spinoza el Gran Rabino lo declarara Nidui, Cherem y Chamata, separado, expulsado, extirpado de la comunidad.

Por cierto, para saber más sobre Uriel de Aste y Juan de Prado, así como también sobre el propio Baruch Spinoza, cabe leer la Historia de los heterodoxos de Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912).

Spinoza siempre fue dueño de sí mismo, postuló una independencia ante las posturas religiosas que más le intentaban influir: el judaísmo ortodoxo, pero también el protestantismo de la misma índole. Quería ser él mismo a pesar de Israel, pero también a pesar de Lutero (1483-1546) , de Calvino (1509-1564), de Zwinglio (1484-1531) y de las ideas que pudieran preponderar en la Casa de Orange o en cualquier principado protestante.

Lo que sabemos de su filosofía, de la cual no hablaremos aquí extensamente porque no es el propósito de este artículo, lo sabemos por su obra; lo que sabemos de su vida y cuitas, es gracias a las diversas biografías que se le han hecho, la primera de las cuales, la de Colerus.

En efecto, el pastor alemán Johannes Kohler (latinizado, Colerus), que se había hecho cargo de una congregación luterana en La Haya 16 años después de la muerte de Spinoza, publicó en 1705 —cuando el filósofo ya hacía 28 que había desaparecido de la Vida—, la famosa biografía a la que hacíamos referencia.

De hecho Colerus vivía en la misma casa que había alojado a Spinoza en el Veerkaay, y estudió en la habitación donde una vez estuvo la cama del sabio, así es que respiraba el ambiente más propicio para su empresa. También tuvo acceso a muchos documentos originales que le ayudaron a trabajar con el máximo de rigor, incluidos algunos hoy desaparecidos, como por ejemplo, un cuaderno donde Spinoza realizaba bocetos de retratos.

Escribe Colerus: “Pasó allí [en Voorburg], como se me ha informado, tres o cuatro años, durante los cuales se hizo un gran número de amigos en La Haya, todos gentes distinguidas por su condición o los empleos que ejercían en el Gobierno o el ejército. Gustaban de encontrarse en su compañía y les complacía mucho oírle discurrir. Fue por súplicas suyas por lo que acabó estableciéndose y fijándose en La Haya, donde empezó por vivir en el Veerkaay, en la pesión de la viuda Van Velden, la misma casa donde estoy alojado al presente. El cuarto donde estudio, en el extremo de la casa a la parte de atrás, segundo piso, es el mismo donde él dormía y se ocupaba en el estudio y en su trabajo. A menudo se hacía llevar allí de comer y allí pasaba dos y tres días sin ver a nadie. Pero habiéndose dado cuenta de que gastaba demasiado en su pensión, alquiló en el Pavilioengragt, detrás de mi casa, un cuarto en la del señor Enrique Van der Spyck, del que hemos hecho mención a menudo, donde se cuidaba él mismo de proveerse de lo que le era necesario para beber y comer, y donde vivió a su guisa de una manera muy retirada. Es casi increíble qué sobrio fue durante aquel tiempo y cuán económico. No es que se redujera a una pobreza tan grande que no hubiese podido hacer más gasto si hubiera querido; batantes gentes le ofrecían su bolsa y toda suerte de asistencia; pero era muy sobrio naturalmente y fácil de contentar; y no quería tener la reputación de haber vivido, ni siquiera una sola vez, a expensas ajenas. Lo que informo de su sobriedad y economía puede justificarse con diferentes cuentecitas que se han encontrado entre los papeles que dejó. En ellas se encuentra que vivió un día entero de una sopa de leche aliñada con manteca, lo que le importó tres sueldos, y de un tarro de cerveza de sueldo y medio; otro día no comió más que unas gachas adornadas con uvas y manteca, plato que le había costado cuatro sueldos y medio. En las mismas cuentas no se hace mención más que de dos medias pintas de vino a lo sumo por mes. Y aunque lo invitasen a menudo a comer, prefería, sin embargo, vivir de lo que tenía en casa, por poco que fuese, a encontrarse a una buena mesa a expensas de otro. Así fue como pasó el resto de su vida, en casa de su último anfitrión, durante un poco más de cinco y medio. Todos los trimestres ajustaba sus cuentas con gran cuidado. Y lo hacía para no gastar, ni en más ni en menos, lo que tenía presupuestado para el año. Algunas veces decía a las gentes de la casa que él era como una serpiente de las que se muerden la cola, y era una forma de decir que al fin de año nunca le sobraba nada. Añadía que no era su intención acumular nada más de lo que se precisa para ser enterrado de forma conveniente; y como sus padres no le dejaron nada en herencia, tampoco sus parientes y herederos debían confiar en beneficiarse mucho de lo que él dejara.

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2010-2012 Juan Ledo
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