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Melocotón verde, ciruela azul


El haiku es un poema de origen japonés, singularmente breve (tres versos de 5-7-5 sílabas, por lo general), nacido al cobrar importancia la estrofa introductoria de un poema más largo, el tanka, quecerezo japonés se improvisaba entre varios poetas. Es un poema corto pero, tan cargado de significados y de valor poético, que mejor se lo ha definido como "un extenso discurso en tres versos".

En la evolución que ha sufrido a lo largo de este siglo, su forma se ha visto afectada, aproximándose a un haiku de verso libre. En la forma original, predominan los sintagmas nominales, y los verbos, cuando aparecen, suelen estar desposeídos de flexiones temporales y personales. El haiku aspira a captar el momento, el aquí y ahora, de una forma tan radical que los límites entre el observador y lo observado, el sujeto y el objeto se disuelva, para procurar, en sus mejores manifestaciones, una experiencia mística de no dualidad, de totalidad.

Autores japoneses de haikus los hay muchos, como Yamasuki Sokan (1465-1553), Arakida Morikate (1472-1549), Uejima Onitsura (1660-1738), Usuda Arô (1879 - 1951), Ritsurin Issekiro (1894 – 1961) …

Por no poder aquí referirnos a todos, lo haremos tan sólo de algunos de los grandes:

De nombre real Matsuo Munefusa y nacido en el seno de una noble familia, el poeta japonés Matsuo Bashō (1644 – 1694) es uno de los padres de los haikus tal como los conocemos hoy en día. Fue el segundo de seis hermanos. Adquirió el nombre de Bashō, que es un árbol parecido al banano, en la década de 1680, cuando se recluyó en una choza junto a un árbol de dicha especie. En 1653 comenzó a servir como paje del hijo de la familia poderosa donde trabajaba su padre, un samurái de rango bajo. Matsuo Bashō es el acompañante y discípulo del poeta y jefe samurái Toudou Yoshitada, quien lo prepara como samurái. En 1657 muere repentinamente su maestro, representando un duro golpe para Bashō, que pide separarse del servicio de la familia. Al ser rechazada su petición huye a Kioto y sólo se sabe que se dedica a leer clásicos chinos y estudiar poesía. En 1675 se traslada a Edo (Tokio) y entra en el círculo de haiku de Edo, conociendo a los poetas más importantes del momento. Progresivamente va adquiriendo reputación, desarrollando su particular estilo y creando su propia escuela donde concurren muchos discípulos. En 1680 uno de sus discípulos, Sampu, le regala una casa junto al río Sumida, trasladándose a ella y cambiando el centro artístico del momento por una vida más tranquila en el campo.

Es época en la que comenzó a viajar mucho, y a escribir, narrando sus experiencias. De las que hizo acopio en 1684 durante varios meses hacia el oeste desde Edo, salió el primer relato de viajes de Bashō: su Diario de un esqueleto abandonado a la intemperie.

En mayo de 1689, acompañado por su amigo y discípulo Sora y llevando sólo un morral, materiales de escritura y mudas de ropa, Bashō inició otro viaje memorable, esta vez con vocación firme de volverse hyohakusha (el que viaja sin dirección”). Caminó cinco meses y recorrió aproximadamente 2.000 kilómetros por las colinas, los valles, las aldeas y las montañas al norte de Edo y a lo largo del mar de Japón. Fue este viaje, lleno de maravillosas anécdotas, lo que dio lugar a su obra maestra, Sendas de Oku, en cuya primera anotación pude leerse: “Todos los días son viaje y la casa misma es viaje”.

Entre esas dos humildes epopeyas (valga el oxímoron), Matsuo Bashō escribe a principios de 1686 uno de sus mejores haikus y al mismo tiempo uno de los más famosos de la literatura japonesa de todos los tiempos:

Un viejo estanque.
Una rana se zambulle:
chapoteo en el agua.

hototogisuMatsuo Bashōsupoelevar el haiku a una composición poética, transformándola de una expresión de intelectualidad o ingenio verbal a una intuiciónde la naturaleza, impregnada de un espíritu del budismo zen que entiende la poesía sensorial como un modo de avanzar en elpropio camino de la superación espiritual.

Toda la obra de Matsuo Bashō es un intento constante de utilizar la naturalidad y la humildad como herramientas para crear los versos que describan de forma precisa los incidentes nimios, las circunstancias aparentemente irrelevantes, para modelar una poesía atenta a la vida (parecían interesarle especialmente patos, cigarras, ranas, cuervos, la nieve, los cambios de estación) y asombradapor ella.

Y además cabedecir que para Bashō, el haiku, aparte de remitir al dato sensorial, lo hace al instante actual, al momento preciso que se vive, y no al recuerdo: “es simplemente lo que está su cediendo en este lugar, en este momento”, es el hic et nunc, que decían los antiguos latinos.

Bashō murió en1694 en Osaka y se encuentra enterrado en Ōtsu, a orillas del lago Biwa. Aquí van algunos haikus seleccionados del maestro:

Ante la enredadera en flor
comimos nosotros,
que somos simples hombres.

Salpicados de barro
por el rocío,
los melones parecen frescos.

En mi choza
todo cuanto puedo ofreceros
es que los mosquitos son pequeños.

Bajo un mismo techo
durmieron
las cortesanas, la luna y el trébol.

Piernas enclenques tendré,
pero está en flor
el monte Yoshino.

La libélula
Intenta en vano posarse
Sobre una brizna de hierba
.

La primavera pasa;
lloran las aves
Y son lágrimas los ojos de los peces.

Canta el hototogisu,
precisamente hoy
que no hay nadie.

[imagen arriba: cuco chico (''Cuculus poliocephalus''), al que los japoneses llaman hototogisu]

 

Después de Bashō, parecía que el S. XVIII iba a significar un declive del haiku, una vuelta otra vez a los poemas artificiosos y faltos a veces de verdad que proliferaban antaño, pero el arte del poemilla japonés resurgió de sus cenizas gracias a Taniguchi Buson, más conocido como Yosa Buson (1716-1784).

De la vida de este autor no sabemos demasiado: sí que nació en los suburbios de Osaka y que al parecer perdió a sus padres en la infancia. Más tarde, en la adolescencia, se traslada a Edo (Tokio) para estudiar pintura y escritura en la tradición de Bashō; allí encuentra el amor y se casa, pero esta felicidad no duraría mucho ya que su mujer fallece pocos años después del matrimonio. Esas contrariedades fueron causa tanto de la falta de felicidad de Buson como de la razón de su lucidez y de la profundidad de sus haikus.


Los poemas de Buson se apartan de la religiosidad de Bashō para decantarse por la natura en estado puro y sin intermediarios, en un estilo descriptivo (que es el que define la verdadera esencia del haiku) un tanto sobrio pero muy cargado de imaginación. Buson se caracterizó también porque, al igual que otros muchos maestros del haiku, gustaba de acompañar su poema de un haiga. Un haiga es una pequeña pintura inspirada por un haiku, al cual acompaña y ayuda a completar su significado. La historia del haiga es paralela a la del haiku mismo, pues era común que en la antigüedad algunos de los haijin (poetas de haiku) crearan el haiku y el haiga con el mismo pincel y con la misma tinta y que ambos formaran un todo.

Aquí vamos a poder leer algunos celebrados poemas de Buson:

¡Canta el hototogisu,
que no tiene padres
ni hijos!

Te marchas tú;
verdes son los sauces,
largo el camino.

Lluvia de primavera;
¡pobre de aquel
que nada escribe!

Parece indefensa
cuando nada
la rana.

Es un placer
atravesar el río en verano
con las sandalias en la mano.

Después de la cosecha de arroz
el espantapájaros
no es el mismo.

Mi jardinero,
convertido en sirviente
de crisantemos.

Kobayashi Issa (1763-1827) no era tan refinado como el ascético y sacerdotal Matsuo Bashō ni como el sofisticado y prolijo Yosa Buson, pero es un hecho el que a la mayoría de los japoneses a los que les gusta el haiku tradicional conocen a Issa igual que a los anteriores y les gusta tanto o más.

Kobayashi Issa creció en el campo junto a una cruel madrastra y fue desterrado de su casa para vivir su adolescencia en la pobreza de la ciudad. Todo ello le aportó un extremadamente pesimista punto de vista de la naturaleza humana. Cuando comenzó su producción poética, en el último tercio del siglo XVIII, los rasgos que sobresalían de su conmovedora labor literaria eran su ternura y humanismo y su profundo y franciscano amor por la Naturaleza y por todas las criaturas que lo habitaban, hasta las más insignificantes. Y por supuesto prefería, antes que la del hombre, la compañía de pequeñas criaturas inocentes e irracionales: compuso alrededor de mil haikus dedicados a saltamontes, gorriones, caracoles, moscas, ranas, bichos de luz, pulgas, cigarras e insectos varios. Pero también en objetos inanimados, hojas caídas, gotas de rocío, brisas del verano … En esos poemillas, Issa, que era una persona compleja, era tan capaz de mezclar el humor con el patetismo como lo sensible con la belleza y el misterio de la vida y nuestras percepciones de ella.

Su estilo directo transmite la naturalidad propia del poeta que desnuda su espíritu en cada uno de sus poemas y que se reconoce en la propia naturaleza que retrata:

Cayó bocarriba
la cigarra de otoño
y sigue cantando.

Fue un hombre extremadamente solitario y llevó una existencia muy desgraciada hasta su muerte. Un incendio en su casa le obligó a pasar los cinco últimos meses de su vida en un almacén sin ventanas con piso de tierra. Issa lo explicó así:

“Las pulgas se han salvado del incendio y han venido a refugiarse aquí conmigo.”

Murió en mitad del invierno; bajo la almohada se encontró su último haiku:

Gracias sean dadas a lo alto;
la nieve sobre mi manta
también viene de la Tierra Pura.

Issa Kobayashi es autor de alrededor de 1000 haikus sobre animales, entre los que pueden encontrarse 54 sobre caracoles, 200 sobre sapos y ranas, 230 sobre luciérnagas, 150 sobre mosquitos, 100 sobre moscas, 90 sobre cigarras, 100 sobre pulgas, amén de un importante número sobre pájaros, plantas y niños.

Y como este sitio de internet va sobre las moscas, esos seres a los que siempre consideramos tan intrusos como impertinentes, de quien todos parecen abominar y que tan poca gente ha tenido la ocurrencia de estudiar, de ver, de analizar, como aquí la mosca es la protagonista, decimos, veamos algunos etéreos poemas de Issa dedicados a esos dípteros, compuestos con gracia simpar:

El mundo va muy bien.
Otra mosca
come el arroz
.

Matando una mosca …
herí
una flor.

Pedí prestada mi cabaña
a las moscas y mosquitos,
y dormí.

Ahora veamos unos haikus donde curiosamente parece que se les asigna a las moscas un carácter religioso:

¡No, no esa mosca!
Se retuerce las manos,
los pies, implora.

Moscas del templo:
le piden a los dioses
esto y aquello.

A cada mosca
a la que haya golpeado,
un padrenuestro.

Por donde hay hombres,
habrá moscas, y habrá
Budas también.

El sigueinte haiku hay que comprenderlo (va en la misma dirección que los cuatro anteriores):

No mates la mosca;
mira como reza:
manos juntas y pies juntos.

Este haiku de Issa alude a una leyenda popular de la región de Okinawa llamada Los gorriones y la mosca (cuentos como éste los hay en casi todas las culturas), donde se recrea la súplica de las moscas a Dios para que impida a los gorriones comerlas a picotazos; Dios escucha a las dos partes y, convocando al jefe de las moscas, sentencia: (…) Tu me presentas a los gorriones como seres villanos, pero no adviertes la paja en tu propio ojo. Has acusado a los inocentes gorriones, mientras tú y tu raza vienen a sacudir vuestras patas enmerdadas sobre las divinas ofrendas, y a esparcir las bacterias sobre nuestros alimentos. Moscas, torpes e inútiles bestias, os voy a liquidar. Entonces la mosca, confundida, dice: ”Dios: hemos sido injustas, pero no nos liquides, ¡te lo suplicamos!” y comienza a mover pies y manos de forma religiosa para implorar su gracia y la de sus congéneres, con lo que consigue la misericordia del Todopoderoso: ahora sabemos por qué las moscas se frotan las manos y las patas continuamente.

De todos los haikus de Issa que versan sobre el tema de las moscas, acaso el más redondo sea el siguiente:

Voy a salir;
disfrutad el amor,
moscas de casa.

Citemos por último a es Masaoka Shiki (1867–1902, ver fotografía), a quien muchos tienen Masaoka Shikicomo el fundador del haiku moderno. Shiki murió muy joven de una cruel enfermedad incurable y soportaba el dolor escribiendo haikus como el que sigue:

¿Venís a picar
mis ojos aún con vida?
¡Moscas, callad!

Otra traducción:

¿Venís a perturbarme
los ojos aún vivos,
revuelo de moscas?

¿No recuerda a John Keats? Keats (1795 - 1821), el poeta cuyo nombre fue escrito en el agua llegó a Roma en 1820 aquejado de tuberculosis y esperando curar o mejorar gracias al calor del clima mediterráneo. Pero el mal no se detuvo y se lo llevó muy joven a los 25 años, no demasiados meses después de llegar a la Ciudad Eterna. Poco antes de fallecer expresó de forma tan poética como triste: "Ya siento las flores creciendo sobre mí".

 



 
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2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es