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Julio Cortázar


¿Se puede realmente matar una mosca? (¿O son todas ellas una misma, que constantemente renace y se multiplica?)

“Te tendré que matar de nuevo.
Te maté tantas veces, en Casablanca, en Lima,
en Cristianía,
en Montparnasse, en una estancia del partido de Lobos,
en el burdel, en la cocina, sobre un peine,
en la oficina, en esta almohada
te tendré que matar de nuevo,
yo, con mi única vida.”

“La mosca” es un poema incluido en Papeles inesperados, reciente libro de Julio Cortázar que contiene una extensa colección de textos inéditos.

De Julio Florencio Cortázar podría fácilmente hacerse una extensa biografía, pues en sus 70 años de vida no le faltaron ni oportunidades de vivir ni vida, pero tan sólo apuntaremos algunas notas:

Aunque sus padres Julio Cortázar y María Herminia Descotte eran argentinos (con ascendencia vasca, francesa y alemana), él nació accidentalmente en Bruselas. Fue en 1914, mientras los obuses estallaban en la ciudad. Él decía, que su nacimiento —que coincidió con la ocupación alemana de Bélgica al inicio de la Primera Guerra Mundial— fue "sumamente bélico. Lo cual dio como resultado a uno de los hombres más pacifistas que hay en este planeta". De su nacimiento también dijo que “fue un producto del turismo y la diplomacia.”Julio Cortázar

Cuando el conflicto finalizaba, y al ser Argentina un país neutral, a la familia Cortázar se le permitió refugiarse en otros países europeos también neutrales: Suiza (Zúrich) y luego España (Barcelona).

En Barcelona vivieron año y medio, desde que el niño Julio tenía dos años, hasta que tuvo tres y medio. De esa lejana época guarda algunas imágenes borrosas e inconexas:"Formas extrañas, mayólicas de colores" que tal vez correspondan al Parc Güell, donde al parecer le llevaban cada día a jugar con otros niños. Cortázar confiesa que en 1949, en su primer viaje a Europa, desembarcó en Barcelona y su primera visita fue precisamente al Parc Güell: le gustó descubrir que su admiración por Antoni Gaudí (1852 - 1926) tenga un origen tan antiguo. Recuerda también de esa época "una playa, la sensación amenazante de las olas que avanzan y mucho sol y un olor a sal muy extraño, muy inquietante".

Banfield, un pueblecito casi de campo, a media hora de tren de Buenos Aires, fue la morada de Cortázar entre sus cuatro y sus diecisiete años. Cortázar lo describe así: "Era ese tipo de barrio, sumamente suburbano, que tantas veces encuentras en las palabras de los tangos: calles no pavimentadas, pequeños faroles en las esquinas, una pésima iluminación que favorecía el amor y la delincuencia en partes iguales,

"De 1946 a 1951, vida porteña, solitaria e independiente; convencido de ser un solterón irreductible, amigo de muy poca gente, melómano lector a jornada completa, enamorado del cine, burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de lo estético." Este período incluye (en 1948) la obtención del título de traductor público de inglés y francés, tras cursar en apenas nueve meses estudios que normalmente exigen tres años. El esfuerzo le provoca síntomas neuróticos, entre los cuales, la búsqueda de cucarachas en la comida. Incluye también (1949) su primer viaje a Europa, del que ya hemos hablado.

Entre 1950 y su fallecimiento, vida literaria muy fecunda: Bestiario, Historias de cronopios y de famas, Rayuela, El perseguidor; Todos los fuegos el fuego, La vuelta al día en ochenta mundos, Último round; Pameos y meopas, Octaedro, Queremos tanto a Glenda

Bestiario (una colección de ocho relatos que le valieron cierto reconocimiento en el ambiente local) es de 1951. Poco después de su publicación, y por disconformidad con el gobierno de Juan Domingo Perón (1895 - 1974), viaja por segunda vez a París con una beca y decide quedarse en Francia, lo que le obliga a trabajar en los más pintorescos oficios, hasta que consigue trabajo como traductor en la Unesco. Con sentido del humor comenta que se va de la Argentina "porque el peronismo no le deja escuchar a Bela Bartók [1881-1945] ". París, es la ciudad donde residirá —salvo esporádicos viajes por Europa y América Latina— durante el resto de su vida.

En 1954 viajó a Montevideo, sede aquel año de la Conferencia General de la UNESCO, en calidad de traductor y revisor. Se alojó en el Hotel Cervantes (ya frecuentado por Jorge Luis Borges [1899 - 1986]) en el que transcurre su cuento La puerta condenada. Anda por la ciudad, visita el barrio del Cerro, en el que ubicará a La Maga.

Las Historias de cronopios y de famas se publicaron en 1962, pero habían sido iniciadas ya en 1951: "Una noche, escuchando un concierto en el Thèatre des Champs Elysées, tuve bruscamente la noción de unos personajes que se llamarían cronopios", explicó años después.

De Rayuela (1963), se venderían 5.000 ejemplares en el primer año. "Escribía largos pasajes de Rayuela sin tener la menor idea de dónde se iban a ubicar y a que respondían en el fondo (...) Fue una especie de inventar en el mismo momento de escribir, sin adelantarme nunca a lo que yo podía ver en ese momento", dirá. (La fascinación de las palabras).

En 1981, año en que obtiene la nacionalidad francesa, se le diagnostica una leucemia. Sufre además una hemorragia gástrica que le obliga a ser hospitalizado y que “no lo mandó a mirar las flores del lado de las raíces de puro milagro”.

En 1984 viajó a Nicaragua, donde recibe de Ernesto Cardenal (ministro de Cultura nicaragüense, n. en 1925) la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío.

"Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo”.

El 12 de febrero de ese año (un domingo radiante) Julio Cortázar muere después del medio día en el hospital Saint-Lazare de París de leucemia y es enterrado dos días más tarde en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba donde yacía Carol Dunlop, su última compañera, quien había fallecido el 2 de noviembre de 1982 sumiendo a Cortázar en una profunda depresión. De ella dice Carlos Gabetta: "Una joven canadiense fina, delicada, culta, sensible, que hablaba en voz baja, escritora que había tenido problemas muy serios en Estados Unidos, país en el que vivió, por su oposición a la guerra de Vietnam."

Curiosidad: la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi (n. 1941) —que entabló quince años de entrañable amistad con Cortázar— afirmó CATEGÓRICAMENTE en su libro Julio Cortázar (Omega) que el escritor argentino no había muerto de leucemia, su final oficial, sino de sida por una transfusión. Parece ser la única que ha sostenido esa teoría. La de Aurora Bernárdez, su mujer entre 1953 y 1967 es: leucemia mieloide crónica.

La lápida y la escultura que adornan la tumba fueron hechas por sus amigos Julio Silva (n.1930) y Luis Tomasello (n. 1915). Quien la visite debe saber que es costumbre dejar una copa o un vaso de vino y una hoja de papel o un billete de metro con una rayuela dibujada.

 


Rayuela es la obra capital de Julio Cortázar. Dediquémosle el resto de este artículo a ella:

Gracias a la Editorial Sudamericana, la primera edición de la novela vio la calle el 28 de junio de 1963 Rayuelaen la ciudad argentina de Buenos Aires, lo hizo con formato de “pequeño ladrillo negro”, como fue calificado por alguien.

«De alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura», respondió Cortázar cuando le preguntaron una vez qué significa para él.

1.- Explicación de la rayuela:

La rayuela constituye, como muchos otros juegos, un pequeño enigma etnológico para los estudiosos, que no se han puesto todavía de acuerdo sobre sus orígenes y le han atribuido, como a los naipes, significados míticos, mágicos, religiosos, cabalísticos, etc., relacionándola con los progresos del alma, con ceremonias y ritos de pasaje, con el laberinto y la espiral, etcétera. En la rayuela, el 1er casillero, representa la niñez, el 2º, la juventud y el 3º, la vejez. En el 4º y el 5º, debemos darnos vuelta para mirar el recorrido, el mismo que nos llevará al cielo. Lo que plantea Cortázar, es que si uno tira la piedra, nunca sabremos en qué casillero caerá, pero lo que sí es seguro, es que estos caminos pueden cambiar de la noche a la mañana, solamente hay que buscar el cielo propio, el corazón del alcaucil.

2.- Explicación del título:

Julio Cortázar tenía pensado titular al libro Mandala en referencia al símbolo circular que se encuentra desde el comienzo de la humanidad. Las diferentes culturas coinciden en que conduce hacia el camino a la unidad del ser y ese nombre quería hacer referencia a esa búsqueda. Sin embargo, titularlo de esa manera le sonaba pretencioso y decidió llamarlo Rayuela. A la vez se comenta, de forma alegórica, esa facilidad con la que uno alcanza el Cielo en el juego de la rayuela, siendo el Cielo esa quimera auto impuesta de Oliveira de buscar siempre algo que no está seguro qué es.

3.- Argumento:

Rayuela reivindica la importancia del lector y hasta cierta forma lo empuja a una actividad y protagonismo negados por la novela clásica en la que éste era llevado por la linealidad de una historia en la que lo más importante era lo que pasaría al final. En Rayuela el argumento no existe. O, si existe, no importa. O quizás sí existe y sí importa, pero no es posible hablar de él sin caer en inevitables reduccionismos que nos alejan del sentido de la obra, ya que lo relevante de esta novela no es lo intrincado o novedoso de la trama, sino el vasto universo psicológico de cada personaje y la relación que, desde este universo, establecen con el amor, la muerte, los celos y el arte. Si el argumento es importante sólo lo es en la medida en que es el escenario en que los personajes habitan y se desenvuelven, en una libre y profunda vitalidad que el autor les otorga y de la que él mismo dice no hacerse responsable.

Teniendo esto en consideración, a continuación presentamos un sucinto resumen de cómo la obra puede dividirse en tres partes:

4.- La forma:

La novela tiene un total de 155 capítulos, que pueden ser leídos de diferente forma. A la lectura tradicional, es decir empezando por la primera página y terminando en la última, el Tablero de dirección que encontramos en el mismo umbral de la obra (ya en la primera página del libro) destruye el orden formal entre lo escrito y lo leído al proponer dos maneras de leer las seiscientas páginas que siguen: de corrido, —en cuyo caso el libro terminaría en el capítulo 56 siendo el resto prescindible (muchos críticos han señalado que los capítulos prescindibles de Rayuela son más pasto para estudiosos que una verdadera aportación a la obra)— o como propone el autor, según un orden alterado en el que ubica como primero al capítulo 73, en cuyo caso todos los capítulos serían necesarios.

Esa revolucionaria posibilidad —asimismo explorada en su 62/modelo para armar— supone una buena bofetada al sistema normal y tácitamente establecido según el cual al escritor se le adjudica el activo y más farragoso papel de único creador para que el lector quede relegado a la cómoda pasividad de un ser que adquiere la obra, la lee, la almacena en su lugar de la biblioteca y quizás algún día la olvida. No: Cortázar aspira a mucho más; quiere hacer “del lector un cómplice, un camarada de camino”, convertirlo en “copartícipe y copaciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma", le pone tareas pero, al mismo tiempo, le tiende un puente para arrancarlo de su soledad esencial.

Para Cortázar, tanto como para su álter ego Morelli, no hay novela si lector no es al mismo tiempo creador. La literatura es vida compartida, "puente vivo de hombre a hombre y que el tratado o el ensayo sólo permite entre especialistas". Dice Morelli-Cortázar: "Por lo que a mí respecta, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo".

Por otro lado, en 1959 Cortázar, refiriéndose al libro, que entonces se hallaba en estado de preparación, declaró: "Será algo así como una antinovela, la tentación de romper los moldes en que se petrifica este género".

El poeta Saúl Yurkievich (1931 - 2005) declaró hace algunos años que Cortázar "Siempre nadó contracorriente, buscaba controvertir y controvertirse” y que siempre estaba “escribiendo la antiliteratura, adoptando la antiforma, creando la antinovela.”

Pero lo cierto es que algunos años después de haber visto la luz la novela, el argentino había rectificado —cuanto menos un poco—, reconociendo que el término antinovela le parecía una “tentativa un poco venenosa de destruir a la novela como género” y que por ello prefería hablar de contranovela.

Por último cabe decir que Rayuela es difícilmente clasificable dentro de un género y sí puede inscribirse en lo que Umberto Eco (n. 1932) llama obra abierta, definición que presupone 1) que el significado de la obra esté entre líneas, 2) esté en lo extraliterario y 3) esté en la cabeza del lector.

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2010-2013 Juan Ledo
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