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Moscas en el Arca de Noé

(Mark Twain)


El escritor, y humorista estadounidense Samuel Langhorne Clemens, conocido por el seudónimo de Mark Twain, nació en la villa de Florida, en el condado de Monroe, en el estado de Missouri el 30 de noviembre de 1835 y falleció en la ciudad de Redding, condado de Fairfield, estado de Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Sobre el lugar que le vio nacer, el escritor escribió en su Autobiografía: “El pueblo tenía cien habitantes, y yo incrementé la población en un uno por ciento: eso es más de lo que los mejores homMark Twainbres de la historia han podido hacer por una ciudad”.

El pueblo de Florida nunca fue demasiado importante (Twain decía de él que era casi invisible): llegó a los 280 habitantes en 1880, pero luego fue perdiendo residentes hasta llegar a los 9 según el censo del año 2000 y a los 0 en el del 2010.

Samuel Clemens ya había escrito algo y lo había hecho con varios pseudónimos cuando en 1862, después de fracasar en su intento de hacerse rico como minero, encontró trabajo en el Territorial Enterprise, de la ciudad de Virginia City, en el estado de Nevada. En ese pequeño diario fue donde firmó por primera vez como Mark Twain. Fue el 3 de febrero de 1863, en una columna humorística sobre un viaje, que llevaba por título Carta desde Carson City. Mark twain es una expresión típica de los cantos de trabajo de los negros en los riverboats del río Mississipi, y significa marca dos, en referencia a dos brazas, el calado mínimo necesario para una navegación segura.

La principal anécdota que se cuenta de él (¡y se cuentan muchas!) es que, habiendo nacido en 1835, año en que el cometa Halley nos visitó (lo hace cada 75 ó 76 años), pronosticó que moriría la siguiente vez que el Halley pudiera ser visto. Claro que eso tocaba en 1910 y Mark Twain lo dijo el año anterior, en 1909, cuando ya tenía algunos años y quizás se encontraba un poco pachucho, así es que no sabemos si la predicción será suficiente para encuadrarlo entre los visionarios más destacados de la historia, pero no puede negarse que la curiosidad es graciosa.

Sus palabras exactas fueron “Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: «Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir». ¡Ah! Lo espero con impaciencia.

El caso es que ambos acontecimientos no sólo coincidieron en el año, sino casi también en el mes, pues el escritor murió de un ataque al corazón el 21 de abril de 1910, y entre el 18 y el 19 de mayo se alcanzó el momento astronómico cumbre en el que el núcleo del cometa se situó a tan sólo veintitrés millones de kilómetros de nuestro planeta y su cola, a tan sólo dieciocho.

Mark Twain creó grandes obras —compactas, de gran estilo, con argumento, divertidas… ¡acabadas!— como como Las aventuras de Tom Sawyer (1876), Príncipe y mendigo (1881), Vida en el Mississipi (1883), Las aventuras de HucklebTom Sawyererry Finn (1885) o Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889) y estas obras y algunas otras (para Twain el mejor de sus libros, el que más le gustaba era, no obstante, el cuasi desconocido Juana de Arco (1896): lo dijo dos veces, en 1900 y luego en 1908) hicieron que William Faulkner (1897-1962) llegara a calificarlo de “el padre de la literatura norteamericana”, pero esos éxitos son, al mismo tiempo, culpables del eclipse que ha afectado (y sigue afectando, ahora menos) al resto de su obra: novelas pequeñitas, artículos periodísticos, críticas casi a modo de ensayo, cosas menores en las que desplegaba con fina ironía —como suele decirse— todo su ideario político pero también religioso.

En cuanto a esto último, Mark Twain creía en Dios pero no en la Biblia ni en la manera en la que se producía la religión, ni tampoco —menos si cabe— en la forma en la que las gentes hipócritas utilizaban los asuntos religiosos para hacer de las suyas.

Uno de estos escritos, las Cartas desde la Tierra, está considerado el testamento antirreligioso de Mark Twain, y bromeando bromeando decía cosas que hicieron que no fueran publicadas sino en 1962, ¡51 años después de su muerte!, debido a la férrea oposición de su hija Clara.

Allí se habla del Arca de Noé y se utiliza esa historia (que pertenece a los capítulos 6 al 9 del Génesis, que es el primer libro de la Biblia) para abundar en su conocida tesis de que si Dios creó el mundo, no hizo sino una chapuza. Y la mejor manera que encuentra de afirmarse en ello es nombrando la cantidad de bichos molestos e infectos que viajaron en el Arca, pero también de microbios portadores de enfermedades. ¡A buen seguro se podían haber ahogado todos con el Diluvio!

Vamos a resumir un poquito las Cartas, pero no todas, sino tan sólo las que hablan del episodio de Noé, que son las que vienen numeradas con los números V a VII. Pero antes, y aunque se supone que todo el mundo conoce el Génesis, contaremos la historia del Diluvio tan como en él se cuenta:

Comienza con que Dios se percató de que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal, y eso hacía que le doliera en su corazón, así es que, arrepentido de haberlos puesto sobre la tierra y muy enfadado, decidió exterminarlos inundando la tierra. Curiosamente, sintió también pesar por haber creado a todas las demás criaturas: ganados, reptiles, aves del cielo…

Sin embargo, se dio cuenta de que existía un hombre muy bueno que se llamaba Noé y decidió que sería él junto con su familia los que se salvarían, así es que le mandó construir una grandiosa arca de madera, de trescientos codos de longitud, cincuenta codos de anchura,y de treinta codos de altura, y esa nave debía estar bien calafateada con brea por dentro y por fuera. Y en ella deberían salvarse ocho personas: Noé, sus tres hijos, que se llamaban Sem, Cam y Jafet, y las esposas de cada uno de ellos.  También, tenía que salvar a una pareja de cada una de las especies de animales que existía sobre la tierra, macho y hembra, y para suministrarles alimentos, le dijo que tomara y almacenara la comida necesaria. Dichas parejas deberían estar dentro del arca antes de que comenzara a llover porque ya no pararía hasta que Él le avisara, y así lo hizo. Y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y llovió sin parar durante cuarenta días y cuarenta noches inundándose toda la tierra, y todo lo que tenía aliento de espíritu de vida, murió, menos Noé, y los que con él estaban en el arca.

Después de cierto tiempo Dios se acordó de la familia de Noé e hizo que las aguas comenzaran a decrecer de la faz de la tierra. No obstante Noé espero aún más, y cuando ya no pudo con su paciencia, destapó la cubierta del Arca, y envió un cuervo para averiguar si el agua ya se había retirado completamente; el cuervo daba vueltas por todas partes y no hallando lugar donde posarse, regresó al arca.

Pero Noé no se daba por vencido, así que envió una paloma, la cual volvió al arca, lo mismo que el cuervo. Siete días después Noé volvió a enviar la paloma, volviendo dicha ave con una ramita de olivo en el pico a la hora de la tarde, con lo que Noé entendió que el proceso de retiro de aguas de la tierra estaba avanzando.

Después de otros siete días el patriarca volvió a enviar la paloma, la cual no volvió más a él.

Aunque tenían ganas de abandonar el arca, Noé y su familia esperaron un mes más, hasta que que el Señor les ordenó salir.

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2010-2012 Juan Ledo
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