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Los derechos de las moscas

De acuerdo con su creencia en la ahisma o no-violencia hacia cualquier ser vivo, el Mahatma Gandhi (1869 - 1948) llegó a oponerse a la lucha contra la peste y el paludismo si había que eliminar las moscas (Times of India, 1935): El Mahatma Gandhi“No tenemos el derecho de quitar la vida a los mosquitos, piojos, ratas o pulgas. Tiene tanto derecho a vivir como nosotros.”

Gandhi llevó una vida simple, confeccionando sus propias piezas de ropa y además siendo un destacado vegetariano: "Siento que el progreso espiritual nos demanda que dejemos de matar y comer a nuestros hermanos, criaturas de Dios, y sólo para satisfacer nuestros pervertidos y sensuales apetitos. La supremacía del hombre sobre el animal debería demostrarse no sólo avergonzándonos de la bárbara costumbre de matarlos y devorarlos sino cuidándolos, protegiéndolos y amándolos. No comer carne constituye sin la menor duda una gran ayuda para la evolución y paz de nuestro espíritu."

Y también: "Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales".

La ideología de Gandhi sobre la vida y la no violencia, que le condujo a su concepto de satyagraha, o protesta pacífica, proviene originariamente de su asociación con la filosofía hindú y el jainismo.

El jainismo, es una religión muy antigua de la India que, aunque minoritaria, ha sobrevivido hasta nuestros días poseyendo muchos templos al servicio de más de dos millones de fieles. Dice Marvin Harris (1927-2001) en su célebre "Bueno para comer": "Los jainíes llegan a extremos heroicos para evitar la matanza o el consumo de cualquier forma de vida animal: los sacerdotes no pueden pasearse por un camino o una calle sin ir precedidos de ayudantes armados de escobas que barren los pequeños insectos o arácnidos que éste pudiera pisar accidentalmente. Llevan, además, mascarillas de gasa con el fin de prevenir la inhalación accidental y destrucción consiguiente de mosquitos y moscas.”

Gandhi dice: "Literalmente ahimsā significa no-violencia hacia la vida, pero tiene un significado mucho más amplio. Significa también que uno no puede ofender a otra persona, debiendo compadecerse del otro, incluso si se trata de un enemigo. Para aquellos que siguen esta doctrina, no hay enemigos. Quien cree en la eficacia de esta doctrina halla el último estado, cuando se alcanza la meta, viendo el mundo a sus pies. Si expresamos nuestro amor —ahimsā— de tal modo que marque para siempre a nuestro enemigo, dicho enemigo nos devolverá ese amor. Ahimsā o el no-daño, por supuesto, implica no matar. Pero el no-daño no se refiere únicamente a no matar, sino que ahimsā implica una abstinencia absoluta de causar cualquier dolor físico o emocional a cualquier ser vivo, bien sea por pensamiento, palabra u obra. El no-daño requiere una mente, una boca, y unas manos pacíficas."

Pananimismo: toda la realidad es vida. Para el jainismo el universo es una totalidad viviente; todo ser posee un alma, más o menos compleja, diáfana o pesada. Desde la tierra o el viento, a los insectos o los mamíferos, todos los seres reflejan el universo y son dignos de respeto. El mayor pecado para el jainismo es causar daño a un ser vivo, aunque también hay que evitar dañar a la tierra o a las almas del agua o del aire.

Los jainistas son vegetarianos estrictos (dieta vegana) que consumen solamente seres sin sentidos (sin sistema nervioso), principalmente del reino vegetal. Si bien la dieta jainista implica el aniquilamiento de cosas sin mente como son las plantas, esto se ve como la forma de sobrevivir que causa el mínimo de violencia hacia los seres vivos (muchas formas vegetales como frutas o raíces son mejor vistas por el Jainismo por comportar simplemente la extracción de una parte de la planta y no su total destrucción).

Desde un punto de vista digamos que no tan espiritual, y a medio camino entre la ciencia y el pensamiento filosófico, ¿tienen sentido hablar de los derechos de las arañas o de las moscas? Es un tema espinoso, en el que pocos pensadores han osado adentrarse o comprometerse. Uno de ellos, el Premio Nobel de la Paz (1952) Albert Schweitzer (1875 - 1965) , decía: "Debemos luchar contra el espíritu inconsciente de crueldad con que tratamos a los animales. Los animales sufren tanto como nosotros. La verdadera humanidad no nos permite imponer tal sufrimiento en ellos. Es nuestro deber hacer que el mundo entero lo reconozca. Hasta que extendamos nuestro círculo de compasión a todos los seres vivos, la humanidad no hallará la paz."

¿Las arañas o las moscas no tienen derechos? Estos quedan reservados a los animales sensibles que experimentan daño, como dicen Peter Singer (n. 1946) y otros. ¿Los invertebrados no sufren dolor? Hay poca investigación al respecto. En un artículo de 1980, el entomólogo británico Vincent Wigglesworth (1899 - 1994) aportó ejemplos de bichos que no respondían a estímulos que con certeza provocarían dolor en los humanos. Sin embargo, según un equipo de entomólogos de la Universidad de Queensland, en Australia, esos ensayos no demuestran que no sufran sino que, si existe un sentido del daño, éste no tiene ninguna influencia adaptativa en el comportamiento, como sería el de proteger una zona lesionada hasta su recuperación: “No es posible proporcionar una respuesta concluyente al problema del dolor en animales inferiores”, dicen.

Experimentos recientes parecen apuntar que seres como la larva de la mosca Drosophila melanogaster no son insensibles. En 2003 W. Daniel Tracey, del Duke Institute for Brain Sciences, probó que si se le acerca una aguja calentada a más de 42 ºC, la larva rodará alejándose del calor. Ese mismo año, investigadores del Instituto Tecnológico de California identificaron en una Drosophila mutante el gen que anula el dolor, pues el díptero no respondía a estímulos nocivos.

Debemos ser prudentes a la hora de atribuir a estas criaturas el mismo valor que le damos los vertebrados a la sensación de daño o de concluir que no sienten dolor sólo porque no reaccionan ante él como nosotros. Ningún insecto deja de comer o de reproducirse en caso de heridas abdominales; de hecho, siguen con su actividad normal aunque hayan perdido algún miembro. “Es presuntuoso suponer que lo que es cierto para nosotros debe ser verdad para otras especies”, afirman los entomólogos neozelandeses R. P. McFarlane y R. P. Griffi. Tendríamos que replantearnos “la extendida creencia de que un insecto es demasiado pequeño y su sistema nervioso central tan diferente que lo hace incapaz de tener pensamiento consciente, planear acciones o sentir”. Sin duda, deberemos juntar más información para poder sacar conclusiones más fundamentadas.

 

 
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2010-2012 Juan Ledo
mosca@sinek.es