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Pío Baroja


“Había entre los reunidos en la venta un campesino chusco, que se puso a contar historias. El campesino, al entrar otros dos en la cocina, sacó su gran pañuelo a cuadros y comenzó a dar con él en las mesas y en las sillas, como si estuviera espantando moscas.
— ¿Qué hay? —le dijo Martín—. ¿Qué hace usted?
— Estas moscas fastidiosas —contestó el campesino seriamente.
— Pero si no hay moscas.
— Sí las hay, sí —replicó el hombre, dando de nuevo con el pañuelo.
El posadero advirtió, riendo, a Martín y a Bautista que, como en Amezketa había tantas moscas de macho, a los del pueblo les llamaban, en broma, euliyac (las moscas) y que por eso el tipo aquel chistoso sacudía las mesas y las sillas con el pañuelo, al entrar los amezquetanos”.

Pío Baroja: Zalacaín el aventurero (1909).Pío Baroja

Amezketa es un lugar guipuzcoano situado en el valle del río Amezketa, a 11 Km de Altzo y 2 Km de Abaltzisketa, con una población aproximada de 1.000 vecinos. ¿El amazketarra más famoso de la historia? Val vez el estrafalario, Fernando Amezketarra (1764-1823), uno de los más antiguos bertsolaris conocidos.

A la gente de Amezketa se les llama elbik (moscas). Es una costumbre que todavía tiene vigencia, pero según el periodista amezketarra José Mari Otermin en su libro Euliak eta arkakusoak (Moscas y pulgas) hace cien años era más pujante. [Nota: arkakusoak o pulgas son los del vecino pueblo de Zaldibia].

Pero, ¿de dónde viene el apelativo? En 1924, en el diario donostiarra El Pueblo Vasco apareció un artículo firmado por G. de Zumuarregi —seudónimo tras el que se escondía Gregorio Mujika— y en el que se comentaban varias hipótesis sobre el apelativo de elbik (moscas). Según una de esas teorías, la razón por la que los vecinos de los pueblos circundantes comenzaron a llamar elbik a los amezketarras se debe a que el patrón de Amezketa es San Bartolomé, un santo del que el Martirologio Romano, dice lo siguiente: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza". Al parecer, el mayor sufrimiento que padeció el hombre una vez despellejado por los infieles se lo infirieron las moscas, que se posaban sin cesar sobre su cuerpo descarnado.

Por cierto, el día de San Bartolomé es el 24 de agosto. Entonces en el pueblo se celebran unas fiestas que se inician con la bajada de la mosca y finalizan con el entierro de la mosca. Durante ellas destaca el convite municipal a vino, pan, queso y café (el resto lo ponen los amezketarras).

Ahora vamos a ver un poquito sobre Baroja y sobre su obra:

Pío Baroja y Nessi nació el 28 de diciembre de 1872 en San Sebastián y murió en Madrid el 30 de octubre de 1956. Fue un escritor español de la llamada Generación del 98, hermano del pintor y escritor Ricardo Baroja (1871 - 1953) y tío del antropólogo Julio Caro Baroja (1914 - 1995) y del director y guionista de cine Pío Caro Baroja (n. 1928).

Encontró su oportunidad en Madrid porque su hermano Ricardo dirigía la panadería que una tía les había legado. Como quiera que Ricardo se hartó del negocio, Pío decidió encargarse él mismo de regentar la tahona. Sobre eso le gastaron más de una broma: “Es un escritor de mucha miga, Baroja” — dijo de él Rubén Darío (1867 - 1916) a un periodista. A lo cual respondió el de San Sebastián, que no se reprimía “También Darío es escritor de mucha pluma: se nota que es indio”.

En Madrid, empezó a desarrollar su vocación literaria colaborando con periódicos y revistas. Eran tiempo de simpatías social-anarquistas, pero sin militar abiertamente en ninguna corriente. Al igual que su conterráneo Miguel de Unamuno (1864 - 1936), abominó del nacionalismo vasco, contra el que escribió su sátira Momentum catastrophicum (recordemos que de Pío Baroja es la famosa frase "El carlismo se cura leyendo y el nacionalismo, viajando").

En sus novelas reflejó una filosofía impregnada con un profundo pesimismo cuyas raíces hunde en Arthur Schopenhauer (1788 - 1860) un filósofo que incluye poca o ninguna confianza en el hombre y que es el más leído y admirado por Baroja, pero que predicaba en alguna forma una especie de redención por la acción, en la línea de Friedrich Nietzsche (1844 - 1900): de ahí los personajes aventureros y vitalistas que inundan la mayor parte de sus novelas, pero también los más escasos abúlicos y desengañados, como el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia o el Fernando Ossorio de Camino de perfección (pasión mística), dos de sus novelas más acabadas. Terminó por identificarse con las doctrinas liberales y por abominar del comunismo, sin abandonar en ningún momento sus ideas anticlericales, su misoginia y sus un tanto arcaicas concepciones antropológicas lombrosianas.

Fue un solitario; él mismo se incluye entre quienes están, en cierto modo, enfermos por tener más sensibilidad de la necesaria. Más adelante insiste en esto desde otro ángulo: sabido es que su timidez y su espíritu de independencia, más aún que su misoginia, le hicieron rechazar el matrimonio, a la vez que fustigaba el recurso a la prostitución. Optó por una auto represión a la que él mismo atribuye un desequilibrio y un talante de hombre rabioso. Todo esto se plasma en un radical pesimismo sobre el hombre y el mundo: "la vida es esto, crueldad, ingratitud, inconsciencia, desdén de la fuerza por la debilidad", para él el hombre era egoísta, cruel y brutal. Y sin embargo, Baroja escondía otra cara más oculta, la de un hombre compasivo y tierno con los desvalidos y marginados, un sentimental necesitado de cariño, hipersensible ante el dolor y la injusticia que sentía una inmensa ternura por los seres desvalidos o marginados (“siento, creo que espontáneamente, una fuerte aspiración ética", decía). Así se observa continuamente en su obra. Le caracteriza además una absoluta sinceridad: Baroja no quiere engañar ni engañarse. Tal fue el código moral que aplicó hasta la exasperación, de ahí la fama de hosco y de individualista intratable que tuvo entre quienes no supieron ver el fondo desolado de su alma.

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2010-2012 Juan Ledo
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