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Cicerón, Flaubert y Woody Allen

(Puer, abige muscas)

Gustave Flaubert (1821 – 1880) está considerado uno de los mejores novelistas occidentales de todos los tiempos, un auténtico artesano de la escritura, siempre en interminable búsqueda de le mot juste (la palabra exacta). Aunque su novela más famosa —y seguramente la mejor— es Madame Bovary (1857), la primera que publicó, no obstante muchísima gente tiene como favorita La educación sentimental (1869).Película Manhattan

Una de esas personas es Woody Allen (n. 1935), quien al final de Manhattan (1979) le homenajea siendo él mismo el que, al citar las cosas principales por las que cree que vale la pena vivir, nombra las siguientes [pincha aquí]:

Por cierto, en su Diccionario de lugares comunes, Gustave Flaubert, a la entrada “Mosca” únicamente dice “Puer abige muscas”, es decir, “muchacho, espántame esas moscas” ¿A qué se refiere?

La cosa se remonta a muy antiguo: al político, filósofo, escritor y orador romano Marco Tulio Cicerón (106 adC - 43 adC), a quien habría que considerar ante todo un humanista. Éste era un hombre moral, con gran sentido del deber y muy grave en todo lo que concerniera al respeto que presumía debido a todas las personas. No es que estuviera en absoluto en contra del humor, pero sí lo estaba de la chabacanería, del mal gusto, de la ordinariez en los chistes y en los chascarrillos. Eran una muestra de baja estofa y tal vez de maldad. En sus De Oratore o Diálogos del Orador cita un ejemplo de este tipo de chocarrería: En cierta ocasión cierto Apio, “que se precia de chistoso y realmente lo es”, pero que incurría a veces en vicio al gastar bromas, le dijo a alguien que respondía por Cayo Sextio, que era tuerto: “Cenaré contigo, porque veo que hay lugar para uno”. Cicerón consideraba esto un ejemplo de chiste con poca gracia, y califica de admirable la respuesta de Sextio: “Lávate las manos y cenarás conmigo”.

Los chistes agradan tanto más, cuanto son menos preparados” —dice Cicerón—. “La oportunidad, pues, la moderación y templanza, y la sobriedad misma en los donaires, distinguirán al orador del bufón, porque nosotros hablamos, no para hacer reír, sino para algún fin de utilidad, al paso que ellos están graceando todo el día sin causa.”

Y a continuación pregunta: “¿Qué es lo que consiguió Várgula cuando, abrazándole el candidato Aulo Sempronio y su hermano Marco, dijo a su criado: muchacho, espántame estas moscas? Buscó sólo la risa, que es a mi ver un fruto bien mezquino del ingenio. La prudencia y gravedad nos indicarán el lugar más oportuno para tales gracias. ¡Ojalá hubiera algún arte que las enseñara! pero sólo las dicta la madre naturaleza.”

 

 

 

 
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2010-2012 Juan Ledo
mosca@sinek.es