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Las moscas son los únicos animales que leen el periódico

(Ramón Gómez de la Serna)

Ramón Gómez de la Serna Puig (1888-1963) , «Ramón», como le gustaba que le llamaran, nació el 3 de julio de 1888 en Madrid, en el número cinco de la calle De las Rejas (en la actualidad número siete de la calle Guillermo Rolland), y falleció en Buenos Aires (adonde había marchado al estallar la Guerra Civil española para no volver más, excepto en 1949, para breves días). El 23 de enero de ese año sus restos mortales llegaron a Madrid, donde permanece enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de la Sacramental de San Justo, junto a la tumba de Mariano José de Larra (1809 - 1837).Ramon Gomez de la Serna

Fue un prolífico escritor y periodista vanguardista español, generalmente adscrito a la Generación de 1914 o Novecentismo, poseedor de una extensa obra literaria (un centenar de libros escritos, la gran mayoría traducidos a varios idiomas) que va desde el ensayo costumbrista y la biografía (escribió varias: sobre Valle Inclán, sobre Azorín y sobre sí mismo: “Automoribundia”), hasta la novela y el teatro.

Divulgó las vanguardias europeas desde las concurridas e internacionalmente reconocidas tertulias que celebraba en el Café de Pombo, o Botillería de Pombo, establecimiento situado en el número 4 de la calle Carretas, haciendo esquina con San Ricardo. La tertulia funcionó entre 1914 y 1936; la botillería no duró mucho más pues, tras un período de decadencia acabada la guerra, acabaría cerrando sus puertas de forma definitiva en 1942. Ambas —botillería y tertulia— fueron inmortalizadas por el pintor y escritor expresionista José Gutiérrez Solana (1886 - 1945). Para las crónicas, lo mejor es leer los libros del propio Ramón titulados Pombo (1918) y La sagrada cripta de Pombo (1924).

Greguerías:

Lo más manido de su obra son las greguerías, pero a pesar de ello, es a lo que vamos a dedicar este pequeño artículo.

Greguería es una palabra inventada por Ramón para hacer referencia a lo que él llamaba una tontería destilada, un género literario que él define esquemáticamente del siguiente modo:

Humorismo + Metáfora → Greguería

Un ejemplo sería el siguiente: “El par de huevos que nos tomamos parece que son gemelos, y no son ni primos terceros”.

Ahora bien, si Ramón inventó la palabra greguería, ¿inventó también el género, o éste era preexistente? Desde luego que siempre se han escrito metáforas hermosas bien cortas y bien halladas, pero tenemos que recordar que una greguería comme il faut necesita estar salpimentada con humor blanco, de ese que no nos hace reír, pero sí sonreír, si no, se quedaría en cuasigreguería.

Greguerías, cuasigreguerías y primos hermanos de greguerías y de cuasigreguerías, las ha habido siempre:

A Ramón le fastidiaba bastante que no se le considerase el padre de la criatura, y critica, desde su amor propio herido, que se recurra a Jules Renard —de quien no hemos hablado— como el verdadero inventor de la greguería-greguería (atribución que hace Jorge Luis Borges, entre otros). Lo llama malevolencia de aquellos que quieren descreditarle robándole la patente de creación. Dice que una cosa son los pensamientos sueltos de Renard (metáforas y observaciones aforísticas) y una cosa muy otra sus greguerías. Y abunda diciendo que estas sus greguerías comienzan en 1910 y los Diarios de Jules Renard no fueron editados sino en 1927.Jules Renard

Pero, editados o sin editar, lo cierto es que Jules Renard [ver foto] había nacido en 1864 y murió en 1910, la fecha en la que Ramón reconoce comenzar sus greguerías, y que sus Diarios están tachonados de ocurrencias como ésta: “El pájaro, ese fruto nómada del árbol” (anotación del 18 de diciembre de 1900). Y, por cierto, en otra anotación anterior, Renard citaba el siguiente pensamiento de Saint-Pol Roux (1861 – 1940): “Los árboles cambian entre sí pájaros como palabras”. Saint-Pol Roux, autor de otras perlas como “Comadrona de luz: el gallo”, ¿no sería candidato, con por lo menos igual de merecimiento que Renard, al legítimo título de creador de la greguería moderna o greguería-greguería?

En cualquier caso, Ramón, inventase o no el género, lo encumbró, lo depositó en otra dimensión artística, lo redibujó, lo magnificó, le dio carta de naturaleza. Ramón y la greguería llegaron a ser la misma cosa. Como decía Jorge Guillén (1893 - 1984): “A Ramón, en cuanto abre la boca, se le cae una greguería”.

Greguerías de Ramón sobre los animales:

Las mariposas las hacen los ángeles en sus horas de oficina
La lagartija es el broche de las tapias.
Todos los pájaros son mancos.
El murciélago vuela con la capa puesta.
Los cuervos se tiñen.
Los cocodrilos están siempre en pleno concurso de bostezos.
El camello tiene cara de cordero jorobado.
La inmortalidad del cangrejo consiste en andar hacia atrás, rejuveneciéndose hacia el pasado.
Las ranas se tiran al estanque como si se echasen al correo.
La mariposa posándose en todas las flores es la mecanógrafa del jardín.
El caballo con la cabeza baja mientras pace parece estar leyendo el paisaje como un corto de vista.
El caracol siempre está subiendo su propia escalera.
Las manchas blancas que presentan las vacas en la piel oscura se deben al reflejarse las nubes sobre ellas.
El león tiene altavoz propio.
En la cresta del gallo se está viendo la tijera del creador dándole los últimos cortes.
Los gatos se beben la leche de la luna en los platos de las tejas.
El camello lleva a cuestas el horizonte y su montañita.
Lo que pone más rabiosa a la ballena es que la llamen cetáceo.
El saltamontes es una espiga escapada que ha comenzado a dar brincos.
Al oso le viene grande su gabán de pieles.
La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.
El más pequeño ferrocarril del mundo es la oruga.
Lo que pierde al ratón es arrastrar tan largo rabo.
El camello está siempre apolillado.
El cocodrilo es un zapato desclavado.
Las vacas escriben con el tintero de sus ojos el poema de la resignación.
Las hormigas llevan el paso apresurado como si las fuesen a cerrar la tienda.
La tortuga pone huevos esperando gaviotas, pero sólo le salen tortuguitas.
El águila lleva unos pantalones que le van cortos.
Tener una mosca cogida en el hueco de la mano es como haber pillado cautivo un murmullo o un calambre.
El sapo está hecho de verrugas de barro.
La avispa es la señorita cursi de los insectos.
Al búfalo le ha quedado la tortícolis de su primera embestida.
El murciélago es el pájaro policía
¿Y si las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la tierra?.
La verdadera plomada es una rata muerta agarrada por el rabo.
El caracol debía tocar el trombón que lleva a cuestas.
El gato tiene pelo de presidiario.
Los gansos andan en zapatillas.
La mariposa lleva a su gusano de viaje.
La cebra es el animal que luce por fuera su radiografía interior.
El caballo sí que es un hombre serio.
Los elefantes parece que tienen en las patas las muelas que no tienen en la boca.
Las gallinas son tartamudas.
Ningún pájaro ha logrado sacar las manos de las mangas de las alas, salvo el murciélago.
Lo más terrible del perro con bozal es que no puede bostezar.
El gato se hace el muerto para que lo dejen dormir la siesta.
La jirafa es una grúa que come hierba.
La ardilla es la cola que se independizó.
La postura de la cigüeña sobre una pata se debe a lo largas que son las esperas hasta que salen los niños.
Las mariposas no duermen la siesta.
Grajo: palabrota con alas.
El loro necesita apuntador.
La gacela crece tan de prisa que en seguida parece que ya le viene chico el traje.
El pez está siempre de perfil.
La pulga hace guitarrista al perro.
El jabalí es el cerdo que defiende sus jamones.
El hipopótamo juega a ser submarino.
Monomaníaco: mono con manías.

Greguerías de Ramón sobre las moscas:

Una sola mosca pone de luto todo el azucarero.
La mosca se posa sobre lo escrito, lo lee y se va como despreciando lo que ha leído. ¡Es el más exigente crítico literario!
Tener una mosca cogida en el hueco de la mano es como haber pillado cautivo un murmullo o un calambre.
Pingüino es una palabra atacada por las moscas.
La mosca es la sortija del pobre.
Las moscas hacen el gesto de lavarse las manos como diciendo: «¡Ah, nosotras no tenemos la culpa si somos contagiosas!».
Lo que más repugna de la mosca es que vista al microscopio resulta que además es peluda.
La mosca es un espía disimulado.
Hay momentos en que las moscas parecen querer arrancarse la cabeza como desesperadas de ser moscas.
Las moscas parece que han escondido la tapa del azucarero.
Cuando hemos sentenciado a muerte a la mosca, parece que se da cuenta y desaparece.
El que se pone la mano en la oreja para oír parece querer cazar la mosca de lo que se dice.

Para terminar, una última greguería de Ramón sobre las moscas, ésta, de tipo más elaborado:

Esas moscas que han venido con nosotros en el tren desde aquella lejana estación, ¿qué pensarán cuando se encuentren en la gran ciudad turbulenta e intrincada? Se volverán quizás locas, se estrellarán confusas, como provincianas o aldeanas arrancadas a su familia y abandonadas en el gran andén, correrán despavoridas sin encontrar posada; las moscas rateras y tratantes en blancas que esperan a esas incautas moscas en la estaciones las acabarán de perder.”

Nótese que ya no es un animal el que encarna un virtud o defecto humano, como en las fábulas de todas las épocas, sino que aquí la antropomorfización de la irracional protagonista —una mosca— ha ido tan lejos (¿puede ir más?) que presenta su minihistoria como la misma aventura que vivían (¿qué viven todavía?) las muchachas pueblerinas que, de pronto, se encuentra perdidas en medio de la ciudad, adonde han ido a ganarse el pan.

 
gif mosca

2010-2013 Juan Ledo
mosca@sinek.es