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Voltaire

¿Para qué han nacido las moscas?

Tratado sobre la tolerancia (fragmentos):

“ (...) La naturaleza dice a todos los hombres: Os he hecho nacer a todos débiles e ignorantes, para vegetar unos minutos sobre la tierra y abonarla con vuestros cadáveres. Puesto que sois débiles, socorreos mutuamente; puesto que sois ignorantes, ilustraos y ayudaos mutuamente. Aunque fueseis todos de la misma opinión, lo que seguramente jamás sucederá, aunque no hubiese más que un solo hombre de distinta opinión, deberíais perdonarle: porque soy yo la que le hace pensar como piensa. Os he dado brazos para cultivar la tierra y un pequeño resplandor de razón para guiaros; he puesto en vuestros corazones un germen de compasión para que os ayudéis los unos a los otros a soportar la vida. No ahoguéis ese germen, no lo corrompáis, sabed que es divino, y no sustituyáis la voz de la naturaleza por los miserables furores de escuela (...)”Voltaire

“ (...) Hay un edificio inmenso cuyos cimientos he puesto con mis manos: era sólido y sencillo, todos los hombres podían entrar en él con seguridad; han querido añadirle los ornamentos más extraños, más toscos, más inútiles; el edificio cae en ruinas por los cuatro costados; los hombres recogen las piedras y se las tiran a la cabeza; les grito: deteneos, apartad esos escombros funestos que son obra vuestra y habitad conmigo en paz en mi edificio inconmovible (...) ”

“ (...) Tenemos suficiente religión para odiar y perseguir y no la tenemos en cambio para amar y socorrer a los demás (...) Hay gentes que pretenden que la humanidad, la indulgencia y la libertad de conciencia son cosas horribles, pero, honradamente, ¿hubieran sido capaces de producir semejantes calamidades? (...) El furor que inspiran el espíritu dogmático y el abuso de la religión cristiana mal entendida han hecho derramar tanta sangre y producido tantos desastres (...) ”

“ (...) no hay ni que anunciar ni ejercer la intolerancia. (...) los más amplios límites a los que haya podido llegar la tolerancia no han dado lugar a la más ligera disensión. (...) La tolerancia no ha excitado nunca las contiendas civiles, mientras que la intolerancia ha provocado carnicerías (...) ”

“ (...) El gran sistema para disminuir el número de los maníacos, si es que los hay, consiste en abandonar al dictado de la razón esta enfermedad del espíritu, ilustrando lenta, pero constantemente a los hombres (...) ”

“ (...) Es derecho natural aquel que la naturaleza indica a todos los hombres (...) El derecho humano sólo puede basarse en el derecho de la naturaleza, cuyo gran principio, su principio universal (...) es: “No hagas a los demás lo que no quieras que hagan contigo”. Siendo así, no es concebible cómo, siguiendo este principio, puede un hombre decirle a otro: “Cree en lo que yo creo, y tú no puedes creer, o perecerás” (...) Por consiguiente, el derecho a la intolerancia es absurdo y bárbaro (...) ”

“ (...) Los pueblos (...) han considerado sus respectivas religiones como lazos que los unían. Era como una asociación del género humano. Existía una especie de derecho de hospitalidad, tanto entre los dioses como entre los hombres. El extranjero que llegaba a una ciudad comenzaba por adorar los dioses locales; no se dejaba nunca de venerar incluso a los dioses del enemigo (...) los pueblos civilizados de la antigüedad, ninguno ha obstruido la libertad de pensar. (...) Los atenienses dedicaron un altar a los dioses extranjeros, a los cuales no conocían. ¿Existe una prueba más palmaria, no sólo de la indulgencia hacia todas las naciones, sino incluso hacia el respeto por sus cultos? (...) Ninguna ciudad griega combatió jamás por opiniones (...) No se encuentra entre los romanos (...) a un solo hombre perseguido por sus sentimientos (...) El gran principio del Senado y el pueblo romano rezaba: “Deorum offensa diis curae” (Corresponde sólo a los dioses cuidarse de las ofensas que se les hacen) (...) Después surgieron los mártires cristianos. Resulta difícil saber exactamente las razones por las que se condenó a estos mártires, pero me atrevo a pensar que, bajo los primeros césares, ninguno lo fue solamente por la religión. Todas eran toleradas y no podía pensarse en que se buscase y persiguiese a hombres oscuros porque profesaran un culto particular cuando se permitían todos los demás (...) No se puede creer en la existencia de una inquisición contra los cristianos con los emperadores, (...) jamás se molestó en este aspecto a judíos, sirios, egipcios, bardos, druidas o filósofos. Quiere decirse que fueron mártires aquellos que se rebelaron contra los falsos dioses. Resultaba prudente y piadoso no creer en eso. Pero en definitivas cuentas, si no contentos con adorar a un Dios en espíritu y verdad, estallaban violentamente contra el culto público, por muy absurdo que pueda parecer, habrá que admitir que eran ellos mismos los intolerantes (...) ”

“ (...)¡Somos nosotros los cristianos los que hemos sido perseguidores, verdugos, asesinos! Y ¿de quienes? De nuestros propios hermanos. Somos nosotros los que hemos destruido cien ciudades con el crucifijo o la Biblia en la mano. Los que no hemos parado de derramar sangre, y de encender hogueras desde el reinado de Constantino hasta el furor de los caníbales que habitaban las Cevenas, furor que, gracias al Cielo, no subsisteya entre nosotros (...) ¿Cuándo empezaremos a aplicar los verdaderos principios del humanismo? ¿Con qué fundamento podemos reprochar a los paganos, cuando nosotros hemos sido culpable de su misma crueldad en iguales circunstancias? (...) Todos esos falsos milagros con los que quebrantáis la fe debida a los verdaderos. Todas esas leyendas absurdas que añadís a las verdades del Evangelio apagan la religión en los corazones. Buen número de personas (...) dicen: “Los señores de mi religión me han engañado, luego no existe la religión. Mejor abandonarse en brazosde la naturaleza, que en los del error. Prefiero dependerde la ley naturalque de las invencionesVoltaire de los hombres”. Otros, por desgracia, llegan más lejos; ven que la imposturales ha impuesto un freno y ya no quieren ni el freno de la verdad, lanzándose al ateísmo, convirtiéndose en depravados por la sola razón de que otros han sido bribones y crueles (...) ”

[Imagen: castillo de Voltaire en la ciudad de Ferney, morada del filósofo durante sus últimos años de vida.]

“ (...) Ahí están, sin duda, las consecuencias de todos los fraudes piadosos y de todas las supersticiones. (...) Los católicos han degollado a un cierto número de hugonotes y viceversa; luego no hay Dios. Se han servido de la confesión, la comunión y todos los sacramentos para cometer los más horrorosos crímenes, luego no hay Dios. Mi conclusión sería “Luego existe un Dios, que después de esta vida perdurable en la que tan mal nos hemos conocido, y donde hemos cometido tantos crímenes en su nombre, se dignará consolarnos de tan tremendas desgracias; pues de considerar las guerras de religión, los cuarenta cismas de los Papas, casi todos sangrientos; las imposturas, casi todas funestas; los odios irreconciliables encendidos por las diferencias de opinión, de ver todo el mal causado por el falso celo, habría que concluir admitiendo que hace tiempo que los hombres hemos padecido el infierno en esta vida (...) ”

 

“ (...) la intolerancia no produce más que hipócritas o rebeldes. ¡Funesta alternativa! En definitiva, ¿querríais sostener por medio de los verdugos la religión de un Dios a quien los verdugos hicieron morir y que no ha predicado sino la templanza y la paciencia? (...) ”

“ (...) la superstición se hace no solamente inútil, sino muy peligrosa. No se debe tratar de alimentar de bellotas a aquellos a quien Dios se digna alimentar con pan. La superstición es a la religión lo que la astrología a la astronomía. Estas dos hijas han sojuzgado a toda la tierra durante largo tiempo. (...) ”

“ (...) No es, por consiguiente, a los hombres a quien me dirijo, sino a Ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos, si le es permitido a pobres criaturas perdidas en la inmensidad e inadvertidas para el resto del universo osar pedirte algo, a Ti que nos has dado todo, a Ti el de los secretos eternos e inmutables. ¡Dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza! ¡Que esos errores no sean la causa de nuestras calamidades! Tú no nos has dado un corazón para odiar ni manos para estrangularnos. ¡Haz que nos ayudemos mutuamente a soportar la carga de una vida penosa y perecedera! !Que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre nuestras lenguas insuficientes, entre nuestros ridículos usos, entre nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre nuestra condición tan desproporcionada a nuestros ojos y tan igual ante Ti. Que todos estos pequeños matices que distinguen a los átomos que llamamos hombres no sean dignos de odio y persecución! ¡Que los que encienden las velas al mediodía para celebrarte toleren a los que se contentan con la luz de tu sol! ¡Que los que cubren sus ropajes con una tela blanca para decir que es preciso amarse, no detesten a los que dicen lo mismo bajo un manto de lana negra! ¡Que sea igual adorarte en una jerga formada con una antigua lengua, que en una jerga más moderna! ¡Que aquéllos cuyo vestido va teñido en rojo o en violeta y que dominan en una pequeña parcela del pequeño montón de barro que es este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de un cierto metal, disfruten sin orgullo de lo que llaman grandeza y riquezas, y que los demás les miren sin envidia, pues Tú sabes que en todas estas vanidades no hay nada que envidiar ni de qué enorgullecerse! (...) ”

“ (...) ¡Será posible que se acuerden todos los hombres de que son hermanos! ¡Que tengan horror a la tiranía sobre las almas, igual que execran el bandidaje que les arrebata por la fuerza el fruto del trabajo y de la paciente industria! !Si los azotes de la guerra son Mercado de esclavos con aparicion del busto invisible de Voltaireinevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en plena paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir igualmente en mil lenguas diversas desde Siam hasta California Tu bondad, que nos ha concedido este instante! (...) ”

 

Imagen: "Mercados de esclavos con aparición del busto invisible de Voltaire", de Salvador Dalí (1904 - 1989). Óleo de 46,5 x 65,5 cm. Es de 1940 y se halla en el Salvador Dalí Museum de Saint Petersburg (Florida, Estados Unidos). El busto de Voltaire que se representa es el que realizó en su día el escultor Jean-Antoine Houdon (1741 - 1828).

“ (...) Es tal la debilidad del género humano, y tal su perversidad, que sin duda vale más para él ser subyugado por todas las supersticiones posibles, con tal de que no sean mortíferas, que vivir sin religión. El hombre siempre ha tenido necesidad de un freno, y aunque fuese ridículo hacer sacrificios a los faunos, a los silvanos, a las náyades, era mucho más razonable y más útil adorar esas fantásticas imágenes de la Divinidad que entregarse al ateísmo. Un ateo que fuese razonador, violento y poderoso, sería un azote tan funesto como un supersticioso sanguinario. (...) ”

“ (...) Cuando los hombres no tienen nociones claras de la Divinidad, las ideas falsas la suplen, como en los malos tiempos se trafica con moneda devaluada cuando no se tiene moneda buena. El pagano no osaba cometer un crimen ante el temor de ser castigado por los falsos dioses; el malabar teme ser castigado por su pagoda. En todos los sitios en que hay establecida una sociedad es necesaria una religión; las leyes velan sobre los crímenes conocidos y la religión sobre los crímenes secretos. (...) ”

“ (...) Pero una vez que los hombres han llegado a abrazar una religión pura y santa, la superstición se vuelve no sólo inútil, sino muy peligrosa. No se debe tratar de alimentar con bellotas a aquellos a los que Dios se digna alimentar con pan. (...) ”

“ (...) La superstición es a la religión lo que la astrología a la astronomía: la hija muy loca de una madre muy cuerda. Estas dos hijas han subyugado mucho tiempo toda la tierra. (...) ”

“ (...) Cuando, en nuestros siglos de barbarie, había apenas dos señores feudales que tuviesen en sus castillos un Nuevo Testamento, podía ser disculpable ofrecer fábulas al vulgo, es decir a esos señores feudales, a sus estúpidas mujeres y a los brutos de sus vasallos: se les hacía creer que san Cristóbal había transportado al Niño Jesús de una a otra orilla de un río; se les atiborraba de historias de brujas y posesos; imaginaban sin dificultad que san Genol curaba la gota y santa Clara las enfermedades de la vista. Los niños creían en los fantasmas y los padres en el cordón de san Francisco. La cantidad de reliquias era innumerable. (...) ”

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2010-2013 Juan Ledo
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